lunes, 19 de abril de 2010

Te creé

Te creé en la noche de la imaginación etílica,
fuiste el instante de certeza de tu piel y tu aliento.
Te creé en la noche en que los vidrios reflejaron mis palabras,
cuando quedé necesitado de insuflarles mi alma
con la más terrible de las oscuridades.
Te creé para nunca nombrarte,
para perderte al aliento de la imposibilidad de lo justificable.
Te creé para sucumbir a la tentación de buscarte
en los anchos mares del contacto de nuestras manos.
Te vi y te evaporaste a la aurora confundida,
la que se pierde de lejanías de los continentes improbables.
Era tu nombre el que te presentaba,
era tu nombre el que no creé para poder no invocarte.
Te creé para no perderte,
para nunca oír el lamento de esa lejanía de la tierra augusta
que se desvanece al levante.

lunes, 12 de abril de 2010

Un mago

Un mago lleva a cabo su acto de prestidigitación. Contrario a lo que de él se espera, no esconde los artificios de su acto. Muestra cada uno de ellos. ¿Cuál es el sentido de la representación? ¿La maestría, la enseñanza? ¿Hay un dejo de mejoramiento, de aprovechamiento y superación?
Si realiza un acto, ¿para quién actúa? ¿Siquiera somos capaces de “comprender” el sentido de su acto? ¿Podemos comprendernos a nosotros mismos en la evidencia de su artificio? ¿O es que su acto se dirige a algo más, algo mistérico y escondido que el mismo truco –el acto – efectúa?

martes, 6 de abril de 2010

Reiteraciones 1

- ¿Eres tú?
- No, soy tú.
[...]
- ¿Eres tú?
- No, soy un espejo.
[...]
- ¿Eres tú?
- Soy Eco.

domingo, 4 de abril de 2010

Acribillado no tolera
los hilos de los ojos que lo miran.
Se ha hecho una marioneta
de las palabras que en otro día dijo.
Así se encierra en casa de los giros agónicos
del entramado de su propia pena.
¿Era ella? No, por favor no,
no confundamos al amor con la ironía.
¿Quién fue entonces?
La inexistencia del tiempo de su propia vista.
Si pudiera ver seguro no tendría sus ojos.
Si pudiera ver sus ojos no lo acribillarían.
Su alma no sería el hilo de una mano desconocida.
Dulce infamia en tu risa, que si es eso resulta otro.
Que si es otro la vida ya se juega en otro tiempo.

¿Estoy muerto?
¿Qué dónde queda el llanto?

Dices alegría o felicidad y te creo pequeña hermana.
Pero la posesión es satánica,
y aun saboreo la sangre de tu alma,
en el decir de todas tus letras.

Todas tus letras ahora como sonido,
el soplo del Bóreas que delinea tu figura
en un horizonte sangrante.
Y así tu figura se delinea en el recuerdo
y me obsesa en las noches de los ojos púrpuras.

Los cierro y eres. Ya no sonido,
es carne imaginada y deseada los labios y tus piernas.
Descubro que ni en ensoñaciones te encuentras.
Que eres efecto de una palabra sangrante de mi propia alma.
Y que tu cuello no es mió sino mi propio delirio.

Despierto sin siquiera haberte dormido.

Quemaste el tiempo

Quemaste el tiempo
en la promesa de tu destino.
La clausura a la palpitación del mismo tiempo,
que observaba nuestros juegos de niño por la tarde.
Estabas parada cuando fue,
y al amanecer tus cabellos ya eran más divinos que tu piel.
Ya no eran estrellas.

Era otro día, otro tiempo, otra historia.
Habías quemado el tiempo y yo no era en él.
Habías quemado el tiempo y no era soledad la palabra.
Habías quemado el tiempo y era sólo tu deseo
lo que se atrevió aniquilar al tiempo.
La palabra era otro.

Insólitos

Cual fantasma hacías aspavientos para llamar mi atención
Terrificado no dispuse palabra y al abismo me arrojé
– al menos eso quise creer-.
Eran tus brazos de aliento y Yo de fastidio.
Eran lágrimas los surcos de tus dedos y sus huellas de latón sobre mí
Eran consignas secretas de los milenios petrificados en tu brisa
Era la sombra ausente de tu boca y la mía.

Fuimos pleamar al menos un instante,
aprisionado, escondido, lamiendo despacio cada ay, cada ironía.


Y después… No sé.
La luz te atravesó, terrificando aun más tu recuerdo,
tu presencia, tus prognosis y mis profecías… pero no hubo un Leviatán para mí.
Tocaste con los siglos mis ojos
y el ámbar de tu luz me ahogó en la penumbra de lo no dicho lo no hecho lo no deseado y lo no conocido

La noche fue y no permanecí en pie.
Dijiste algo muy suave que sólo el árbol pudo entender
Violento e intempestivo me levanté al grito
“! Aléjate de mí ¡ ”,
pero tu sombra aun me atañe en los días en que el Sol alumbra con tu perfume
y entonces pregunto y me pregunto “¿ahora? ¿ya? ¿cuándo es el momento?
¿Ahora? ¿ya? ¿es el Tiempo?
Las siguen mis frases no vuelven a decir nada vuelan las palabras al cerco de tu mirada nuestras voces no bailan en la Rosa te amo pero eso no significa nada.


Nada vuelan al cerco la Rosa, no bailan y no dicen nada, sin referente se pierden. Siquiera el viento atiende; arde el cabrón, y vaporiza el instante. Sino que el aliento expira apenas sale de la protección de su monumento. La muerte, la tuya y la mía en el bar de aquel arco puente o pequeña protección ante el Nunca. Era de la noche en que una vez más nada ocurrió entre los dos, en la noche en que nos alejamos insólitos el uno del otro.
Y todo se convierte en una prosa insoportable.

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