y de tus ojos la voz ausente
de los versos milenarios,
de los poetas muertos,
y de las montañas que rigen el oriente.
Qué sí hablas,
lo aullido de tus manos amasan
las estrías del hombre,
donde tejemos nuestras vidas
y deseamos escribir tu piel.
lunes, 3 de mayo de 2010
Lo aullido
Rútila la gruta de tu mirar.
Ruge y cauteriza el instante,
recrean al tiempo, tu cuerpo,
y el roce aullido de tus pies.
Las horas que palpita ahora sangre,
y de tu sangre que si ve luz
se convierte en festín de la tierra.
Ahí insufla sus sueños y tus pesadillas.
Mis alegrías y tus suspiros.
Rútila de la noche ausente,
que palpita y no se agota nunca.
Que en su grito redime lo aullido
y el sonido se torna voz,
la voz tormenta, y entonces el dios
arenga a la tierra en la exigencia de tu carne,
de tu piel y de tu voz.
Lo aullido ahora su nombre y su piel.
Lo aullido ahora tu carne y tu destino.
Lo aullido ahora la satisfacción del abismo.
Ruge y cauteriza el instante,
recrean al tiempo, tu cuerpo,
y el roce aullido de tus pies.
Las horas que palpita ahora sangre,
y de tu sangre que si ve luz
se convierte en festín de la tierra.
Ahí insufla sus sueños y tus pesadillas.
Mis alegrías y tus suspiros.
Rútila de la noche ausente,
que palpita y no se agota nunca.
Que en su grito redime lo aullido
y el sonido se torna voz,
la voz tormenta, y entonces el dios
arenga a la tierra en la exigencia de tu carne,
de tu piel y de tu voz.
Lo aullido ahora su nombre y su piel.
Lo aullido ahora tu carne y tu destino.
Lo aullido ahora la satisfacción del abismo.
domingo, 2 de mayo de 2010
Las estrías de la luna
Murió silente cuando fue al nacer,
de la noche amarilla de la luna laringe,
y nacio sin nada que decir.
Habrá que matarlo ya muerto al séptimo día.
De sus armas, enterrarlo con cianuro,
que de su piel insana
la voz metal pulula la palabra ausente,
la de labios frenéticos de mujeres que no amó.
Silente que de la noche eres árbol,
su cabello suena a las hojas yacentes.
Fánticas, así la palabra emerge,
y del ojo de tu hija alfilereada
y la mirada pétrica del ojo del abismo,
en llamas prende el sino y erradica lo silente.
Despues llora en lo gratuito
de quebrar el aire con tu suspiro
o con un breve retumbar, que de las montañas,
aguardan el alivio rítmico de lo húmedo.
Ahora los metales se alfilerean y los venenos
que silente aguardan en su labio,
lo sostienen y lo escupen en el símbolo
mistico de su caida a tu mirar.
Entonces las lágrimas no son,
sino las estrías que la roca milenaria
abisma al retumbar y se pulpa
y se tinta al corroer su muerte.
Así se hizo la mar.
de la noche amarilla de la luna laringe,
y nacio sin nada que decir.
Habrá que matarlo ya muerto al séptimo día.
De sus armas, enterrarlo con cianuro,
que de su piel insana
la voz metal pulula la palabra ausente,
la de labios frenéticos de mujeres que no amó.
Silente que de la noche eres árbol,
su cabello suena a las hojas yacentes.
Fánticas, así la palabra emerge,
y del ojo de tu hija alfilereada
y la mirada pétrica del ojo del abismo,
en llamas prende el sino y erradica lo silente.
Despues llora en lo gratuito
de quebrar el aire con tu suspiro
o con un breve retumbar, que de las montañas,
aguardan el alivio rítmico de lo húmedo.
Ahora los metales se alfilerean y los venenos
que silente aguardan en su labio,
lo sostienen y lo escupen en el símbolo
mistico de su caida a tu mirar.
Entonces las lágrimas no son,
sino las estrías que la roca milenaria
abisma al retumbar y se pulpa
y se tinta al corroer su muerte.
Así se hizo la mar.
¿qué hago?
¿Qué hago?, exijo condena,
reclamo lo que nunca fue mío
y me palpita en tus textos,
tus agujas que atraviesan mis ojos,
y por tu amor las clavaría donde más veo.
¿De tus textos?
De tus manos y mis ojos y mis sueños.
Te respiro en cada letra
y en cada sonido,
¿qué hago?, los hilos,
¿cómo vivo tu espíritu?
reclamo lo que nunca fue mío
y me palpita en tus textos,
tus agujas que atraviesan mis ojos,
y por tu amor las clavaría donde más veo.
¿De tus textos?
De tus manos y mis ojos y mis sueños.
Te respiro en cada letra
y en cada sonido,
¿qué hago?, los hilos,
¿cómo vivo tu espíritu?
sábado, 1 de mayo de 2010
Engaño
Me estoy muriendo.
Todo podría ser distinto.
Podría ser un engaño,
podría ser mi ojo el que miraras
“¿Qué podría ser distinto y un engaño?
Pero es sólo la lágrima
que nunca se lloró por mi alma
y es ahí donde me engaño
no sé, podría ser distinto
y fuera tu sonrisa junto a la mía.
Hoy quisiera estar triste
pero la verdad eso no queda.
“¿Y cómo estás entonces?”
En busca de mi tristeza
No ansiedad ni angustia, sólo la tristeza más vacía,
caliente y asoladora.
Quiero la tristeza del desierto suriano,
de un desierto inexistente en una isla.
De un continente ajeno a toda alma
Un desierto en verdad desierto.
Donde nunca hayan tenido noticia de la muerte de Dios
pero porque su palabra nunca habitó
los sueños o los delirios de los hombres.
Quiero ser el desierto donde las mujeres no hayan sido mujeres
y sean aún mis costillas,
o sean las costillas de un Adán cautivo de la arena de sus recuerdos inexistentes.
Los sueños de praderas y de olivos
en un mundo donde todo se aniquile en el soplo de un ardiente abismo.
Mi hija, esa tristeza donde no soy quien soy,
quiero ser la manzana y no redimir ningun castigo,
quiero ser la serpiente que sibila en tu mirada de recelo y alegría,
quiero ser el desierto que reclama el ardiente abismo y le rescinde sus arenas.
Quiero espectadores a mi alrededor que vean como trepano la cabeza
y extraigo con un cuentagotas las sequías de mi alma.
Quiero que mi alma no sea mi alma.
Quiero dormir.
Creo que también quiero dormirte
pero cuando te duerma quiero escribir tu rostro en la arena.
Todo podría ser distinto.
Podría ser un engaño,
podría ser mi ojo el que miraras
“¿Qué podría ser distinto y un engaño?
Pero es sólo la lágrima
que nunca se lloró por mi alma
y es ahí donde me engaño
no sé, podría ser distinto
y fuera tu sonrisa junto a la mía.
Hoy quisiera estar triste
pero la verdad eso no queda.
“¿Y cómo estás entonces?”
En busca de mi tristeza
No ansiedad ni angustia, sólo la tristeza más vacía,
caliente y asoladora.
Quiero la tristeza del desierto suriano,
de un desierto inexistente en una isla.
De un continente ajeno a toda alma
Un desierto en verdad desierto.
Donde nunca hayan tenido noticia de la muerte de Dios
pero porque su palabra nunca habitó
los sueños o los delirios de los hombres.
Quiero ser el desierto donde las mujeres no hayan sido mujeres
y sean aún mis costillas,
o sean las costillas de un Adán cautivo de la arena de sus recuerdos inexistentes.
Los sueños de praderas y de olivos
en un mundo donde todo se aniquile en el soplo de un ardiente abismo.
Mi hija, esa tristeza donde no soy quien soy,
quiero ser la manzana y no redimir ningun castigo,
quiero ser la serpiente que sibila en tu mirada de recelo y alegría,
quiero ser el desierto que reclama el ardiente abismo y le rescinde sus arenas.
Quiero espectadores a mi alrededor que vean como trepano la cabeza
y extraigo con un cuentagotas las sequías de mi alma.
Quiero que mi alma no sea mi alma.
Quiero dormir.
Creo que también quiero dormirte
pero cuando te duerma quiero escribir tu rostro en la arena.
Era
Era de confusión sibilante,
de las rocas que piden auxilio al cielo que las calcina y no concluye en matarlas,
era de miles de máscaras y misiles que miran en los escaparates de las historias futuras y de los sueños de los niños que aún no han sido soñados.
El aborto de tu mirada íngnica que morfa el instante.
Tus ojos y mi cuerpo en el tuyo.
Quería dormirte, quería escribirte, quería soñarte.
No. Era de la muerte de la palabra que se queda encerrada en tus agujas y en los sones, era de las canciones que nadie escucha porque ya nadie respira el vapor de la exhalación de un cadáver hecho carne.
Era de la carne que se expende y la expelen, que se ofrece como si fuera tela y te vistieras con ella.
Era de la ventada y el cristal aullado, de la vanidad que petula y no conoce más que de su deseo y la claudicación de toda gloria.
Toda pena o toda era.
Era donde ya no vuelas o de roca son tus pies,
donde todo ha sido y la palabra reposa en una tierra erogada por el asfalto,
el cemento y tus lágrimas en la noche donde el sol fallece.
Nos habíamos hartado del cielo, sus semánticas y su despotismo,
pero no del aroma a carne divina putrefacta.
Era pasado del sueño de una estaca en el ojo sibilante de sangre de tu hijo más amado,
Era del grito desolado que reclama la ausencia de un signo nuevo. Lo aullado.
de las rocas que piden auxilio al cielo que las calcina y no concluye en matarlas,
era de miles de máscaras y misiles que miran en los escaparates de las historias futuras y de los sueños de los niños que aún no han sido soñados.
El aborto de tu mirada íngnica que morfa el instante.
Tus ojos y mi cuerpo en el tuyo.
Quería dormirte, quería escribirte, quería soñarte.
No. Era de la muerte de la palabra que se queda encerrada en tus agujas y en los sones, era de las canciones que nadie escucha porque ya nadie respira el vapor de la exhalación de un cadáver hecho carne.
Era de la carne que se expende y la expelen, que se ofrece como si fuera tela y te vistieras con ella.
Era de la ventada y el cristal aullado, de la vanidad que petula y no conoce más que de su deseo y la claudicación de toda gloria.
Toda pena o toda era.
Era donde ya no vuelas o de roca son tus pies,
donde todo ha sido y la palabra reposa en una tierra erogada por el asfalto,
el cemento y tus lágrimas en la noche donde el sol fallece.
Nos habíamos hartado del cielo, sus semánticas y su despotismo,
pero no del aroma a carne divina putrefacta.
Era pasado del sueño de una estaca en el ojo sibilante de sangre de tu hijo más amado,
Era del grito desolado que reclama la ausencia de un signo nuevo. Lo aullado.
La filosofía es filosofía
La filosofía es filosofía. Cuando se la toma por primera ciencia, ella, aún cuando refiera una filosofía crítica, y de hecho por la misma crítica, se torna trascendental. Es entonces ella una metafísica de la ciencia. Así la filosofía, ya sólo es epistemología, y el mundo ya sólo teoría del conocimiento.
Y en ese mundo sólo existen lo sociológico, la psicológico, lo sexológico, lo antropológico, lo lingüístico, lo económico, y claro, la Naturaleza. ¿La polis, el pensamiento, el amor, lo humano, la poesía, la lucha o la tierra? Quién sabe, seguro en otro abismo del Tártaro.
Para denunciar una tautología, antes se requiere la capacidad técnica de abstracción que forma al sustantivo, en este caso filosofía, para que en la propia definición se pueda hallar y denunciar la supuesta tautología, la filosofía es filosofía.
En tal sentido, el acto de habla, donde es o acontece la supuesta tautología, pretende ser subordinado justo por la nivelación a término medio que la abstraccion sustancializadora ejecuta.
La lógica ya siempre es esa nivelación por el término medio. La gramática ya implica toda una ética de la reflexión.
La filosofía (sustancialización del pensar) es filosofía (el ser filosofía de la filosofía, que se consume en el evento de ser ella misma el pensamiento).
Ese "es" señala por tanto el Ser como la temporalidad de la supuesta sustancia. Pero en la exigencia de pensar el tiempo, la sustancia aparece desustancializada, en pos de su propio evento, la materialización fetichista de su impulso.
La filosofía ya siempre aparece como respuesta.
El filosofar es el preguntar incesante, insistente, intempestivo e intemperante que aniquila las certezas y baila en el cerco satírico de sus lenguas
La denuncia de tautología sólo señala la voluntad de verdad con que la lógica y la gramática pretenden enseñorearse de la polis filosófica. El tiempo formal de su régimen de verdad puntual que llama ley, regla, orden, y en el colmo de su pretensión, ontología.
Y en ese mundo sólo existen lo sociológico, la psicológico, lo sexológico, lo antropológico, lo lingüístico, lo económico, y claro, la Naturaleza. ¿La polis, el pensamiento, el amor, lo humano, la poesía, la lucha o la tierra? Quién sabe, seguro en otro abismo del Tártaro.
Para denunciar una tautología, antes se requiere la capacidad técnica de abstracción que forma al sustantivo, en este caso filosofía, para que en la propia definición se pueda hallar y denunciar la supuesta tautología, la filosofía es filosofía.
En tal sentido, el acto de habla, donde es o acontece la supuesta tautología, pretende ser subordinado justo por la nivelación a término medio que la abstraccion sustancializadora ejecuta.
La lógica ya siempre es esa nivelación por el término medio. La gramática ya implica toda una ética de la reflexión.
La filosofía (sustancialización del pensar) es filosofía (el ser filosofía de la filosofía, que se consume en el evento de ser ella misma el pensamiento).
Ese "es" señala por tanto el Ser como la temporalidad de la supuesta sustancia. Pero en la exigencia de pensar el tiempo, la sustancia aparece desustancializada, en pos de su propio evento, la materialización fetichista de su impulso.
La filosofía ya siempre aparece como respuesta.
El filosofar es el preguntar incesante, insistente, intempestivo e intemperante que aniquila las certezas y baila en el cerco satírico de sus lenguas
La denuncia de tautología sólo señala la voluntad de verdad con que la lógica y la gramática pretenden enseñorearse de la polis filosófica. El tiempo formal de su régimen de verdad puntual que llama ley, regla, orden, y en el colmo de su pretensión, ontología.
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