viernes, 2 de julio de 2010

Déjame te hablo del olvido

Durante milenios comíamos los astros en la tierra,
para descubrir de la sombra de las piedras,
las siluetas arcanas de nuestros dioses.

Después olvidamos los nombres,
y las piedras fueron la primera poesía
hecha del hombre, para el hombre.

Después nos perdimos en la mar,
pero los astros de nuevo fueron guía,
y a su fulgor, encontrados en la noche,
aprendimos a nadar hasta tus piernas.

Siglos, el tiempo transcurrió, temperante
y lento, lacerando los recuerdos de nuestra piel,
olvidando cómo seguir las velas. Entonces,
no quisimos saber nada más del cielo.

Así llegamos al desierto, pero, ¿sabes?
en el desierto también hay estrellas.

Posees mi alma

Posees mi alma, posees mi rostro,
posees
todos mis anhelos antes de haber nacido
entre tus tierras y dominios,
tú, gran señor de la hipocresía.
Leviatán silente, omnipresente,
que en tu orden de derecho
consumes todas mis lunas,
las cuentas y después de mi despojo
eriges tu dedo de deidad, inefable, intransigente.

Muerete de mis pasos y de mis versos,
muerete de mis sueños y proyectos.
Muereme de tu silencio,
de las iniquidades de tus rostros,
de las abominaciones de todos
tus actos y apropiaciones.
¡Falaz! Demonio escriba,
quema tus documentos
y redime tus acciones.
¡Falaz! Relata las iniquidades
y redime a mis hermanos.

No. Tú nunca harás eso.
Eres. No das justicia
más allá de tu mano.
Eres la única razón
que aceptas como Estado.

Libertad. No. Nunca harás eso.
Te multiplicas en mil monitores,
en mil inversores del evento,
que dicen el Hecho,
que refundan tus iniquidades
y suprimen el lamento.

Asesinas a mis hermanos
y los llamas criminales.

Tus rostros se abrazan
y en cada hijo siembras tu bandera.
Te llamas nación, pero sólo
alumbras tu provecho.

Te llamas Justicia, pero
eres violencia cobarde y legitimada.
Te llamas Héroe, pero
eres legión de escribas que sintetizan
en Historia el lacerar
las espaldas a los rebeldes y traidores.
La llamas Realidad, pero es tu violencia.

Te escondes en Villanos,
pero en cada uno de tus dientes,
monstruo voraz, hay algo peor que palabra.
Está la Verdad, la Belleza, la Justicia,
todo tu tropel de metafísico tribunal.
Sólo es habla lo que dices,
lo que oscuras del lenguaje.
Y del color de las rosas
nadie supo, sólo estúpidos poetas
que no entraron a tu servicio,
que se quemaron en buscar piel,
sí, incluso en tus actos.

Y aún de mi muerte querrás ser dueño.
Pero desde el silencio podré decirte No.
Tirano, el tiempo es mió,
mi amante es otra tierra.
La Tierra a la que pertenezco.

Maestro del viento

En ocasiones me destruyes al leerte,
en otras surcas una sonrisa en mi pecho,
y entonces, en ambas, quisiera tenerte,
verte, ponerme a tus pies maestro del viento.
Aprender de ti a imaginar el plexo,
a separar las luces de los ocasos.
componer versos encontrados,
que como amantes que se pierden del otro,
en la vejez del alma, esperan en el fondo
de la angustia dejar de pensar en el futuro
o en el contacto de su piel que ya es ninguno.
Imágenes contrapuestas que sólo
hablan de su signo y de su templo,
de la presencia lacerada por un pequeño diablillo
de ingenio y disgregación.

Instante

Todo su instante ostenta
la extrañeza de lo puntual.
Misteriosamente mortal,
ajeno y arrastrado.

Como si las estrellas la prefiguraran,
y le signaran las piedras de su tránsito,
como si los vientos la anhelaran
y le hubiera soplado siglos de arrebato.

Su instante, divino, radiante,
en meditación ante el retrato,
requería horas de elaboración paciente,
anhelando ser ella misma derroche nefasto:

Con sus pasos, la fuerza del rayo,
que fulmina y desata al aire ignoto,
corazón de la urbe milenaria que notó
nacer los rumbos de todos los caballos.

Altiva, displicente, ella misma ahora el cielo
con su mirada perdida a un horizonte
nunca más allá del próximo amante desdeñado.
Lo ví, eran tus ojos la piel del instante.

Pues que se te arrebate querido hermano.
Ya los vientos son sierpes,
que de no callar el alma a tiempo
laceran el alma y se meten entre los dientes.

Sucumbimos a su encanto, asfixiados,
y no todos contamos con la venia del maestro
ancestral para recibir su enérgico consejo
desde lo más hondo de sus miedos:
otra mujer que lo dejó tatuado.

Hombre

Lo que conoce desconoce de la noche
y sus constituciones de torrente,
insensibles, violentas e innatas.

Lo que conoce se gasta su tiempo
en resultados, en pruebas y errores,
en destruir la palabra de los ancestros,
en terminar por encantar el tiempo,
en encadenar la tierra.

Lo que conoce se desgasta en sus discursos,
fija la retina y captura mariposas por las selvas.
Tira las selvas y construye ciudades.
Después, las mariposas fueron rebeldes,
"¡Había que silenciarlas a todas!", se dice.

Lo que conoce desconoce sus propios vientos.
Se llama ciencia y se resguarda en sus torreones
de violencia analítica y metódica aniquilación.
La llama verdad despliega las instituciones
que determinan quién es quien,
a quién se le corta la cabeza.
Y todo posee la más fría eficacia
de la más fría lógica. Sólo eso es Fuego,
sólo eso es Lenguaje.

Lo que conoce no conoce ni conocerá.
Lo que conoce se llama Hombre.
Habrá que destruir al famoso Hombre.

jueves, 1 de julio de 2010

Poeta

Un poeta no es un hombre.
Un poeta es poeta o nada,
siempre en el abismo del ser.

Para qué quiere humanidad
Si tiene a sus dioses,
Para qué quiere humanidad
si los tiene Muertos o distantes.
Inexistentes, sí,
pero los tiene, le sostienen.

Él quiere a sus poetas,
Pasados y futuros que lo llaman,
lo habitan.
Lo muerden, lo laceran
o lo destruyen. Lo horadan.
Lo incendian en sus letras,
le dan la piel que amaba.

Si se muere es sólo su tiempo.
No el tiempo del cometa que centellea
en el iris de quien lo lea, lo escuche,
le otorge su sangre y le dé su gracia.

Byron, Rimbaud, Baudelaire y
el divino Píndaro. Mis amados
trágicos Sófocles y Esquilo.
Maestro Yeats, Adonai Hölderlin
y mi sangre derramada García Lorca
por el suelo ingrato de la patria
reaccionaria.

Mis queridos maestros,
Mis queridos ancianos, estoy a sus pies.
Permítanme ser poeta,
Permítanme tener un alma.
¡Permitanme decir No y ser rebelde!
Incluso cuando sólo sea su ceniza.
Incluso cuando sólo sea su escupitajo.
O incluso cuando sólo sea el engendro
de ser sido engendrado en un vientre ajeno
a sus amores más cercanos.

Breve diálogo

Ella

Ansío la noche de la roca,
donde puede aniquilar mis más queridas verdades.
Donde siembres mis rosas sin saber
que un día pasé por todas tus almas de derrota.
Sin saber que en tu rostro los soles
alumbrarán otro tiempo. Otro instante.

Aquí, mientras tanto
la carne se inflama y te llama,
la carne se inflama y no eres.
Quiero tu palabra de abismo,
de desolación, quiero tu palabra
de angustia con el ser entre los dos.


Él

Así la voz es despliegue.
Pero banal y habladurías
que no es carne si no es en ti.
¿Entonces?


Ella

Mi muerte no lo tolera,
Esos a quienes obedezco no son mis dueños,
Esos a quienes obedezco son mis siervos.
No obedezco a nadie,
vivo desolada de mi furia y mi rencor.
De mi angustia, de mi desolación.


Él

Suprema caricia de tu mano descastada,
las flores las arrancas con tanta furia,
con tanta gracia.
La noche cobija tu espanto,
el de descubrir a tu lado el cuerpo
de un ser amado.
Pero sólo de tu mano conoces los versos,
sólo de tu mano estas dispuesta a firmarlos.
Cielos e infiernos de tus poesías,
de tus alientos de goce, enfrentada
de tu mano al cielo y al infierno de derroche.

¿Callas? Bien.
Pues seremos hermanos del mismo rencor,
de la misma saliva.
Cada quien con su mano,
siendo espía de los derroteros
donde ángeles y demonios se burlan
de todos nuestros llantos.


Ella

¿La crueldad es moneda corriente entre tus versos?
Parece que tu beneficio fuera la soberbia.


Él

Si soy joven ¿por qué mis dichos no habrían
de ser arrogantes y precipitados?
La crueldad es espejo de tu rostro y el mío.
Deja que mis puños ancianos resanen,
a su tiempo si llega, todos mis crímenes
y desplantes, que, de hecho, no es ese
el motivo de este ensayo.

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