martes, 29 de marzo de 2011

Contemplaciones I

(Los filósofos y el pensamiento)

Vine a recoger el color de tu sangre,
Sólo me encontré con tus migajas.



(...) Alrededor, sólo las aves. Imaginemos algunos casos simples de producción historiográfica, el caso de una biografía y el caso de una historia general de la filosofía. En una ocasión me dijeron que no veían el caso de plantear dos ejemplos hipotéticos, mucho menos al hablar de historia. Pero justo ahí es donde tiene pertinencia el ejemplo, que hoy, cuando nadie sabe qué significa historia. lo que historicamente se nos demanda, se nos requiere, es simplemente poder pensar qué significa esto, simplemente se demanda saber qué significa significar. El primer caso, la biografía, olvidemos quién es el autor, el biógrafo, quién el biograbado. Simplemente interroguémonos sobre aquello que se requiere saber al momento de hacer una biografía de alguien más. Cuando hablamos de la fecha de muerte y la fecha de vida, cuando pensamos en sus padres, cuando damos un excurso sobre sus relaciones amorosas, sus amados y amantes, ¿Estamos pensando en eso que es importante? ¿Trascendental? ¿Cuándo hablamos de la vida de una persona, qué significa trascendental? A tal sentido “trascendental” debería ser aquello que deja huellas, que deja marcas. “Trascendental” nombra aquello que se pierde en el ir del sí mismo, aquello que, para los de atrás, permite hacer un seguimiento del camino. Son los signos que refieren el tránsito de aquél cuya biografía se propone pertinente. Estas tres ideas dicen lo uno y lo mismo. Pues que sí trascendental debería ser aquello que deja huellas, aquello que se pierde en el ir del sí mismo, y aquello que hace un camino, no es posible que “trascendental” sea erogado o mal comprendido al hacer una exégesis de mi texto; más bien tienese que poder comprender todo para poder ser conciliado en el pensamiento mismo del pensador. No existe la contradicción, es el ser, el ámbito y el evento, lo uno y lo mismo (De aquí ya podríamos decir qué significa el pensar del filósofo, yo mismo). La multiplicidad acaecida de instantes ante un único proyecto, el ser-ahí de ése que es la ocasión de la investigación. ¿Qué quiere decir esto? Trascendental, en la propiedad metafísica del concepto, señala la pertinencia de la forma, es decir, el sentido apriorístico de su participación en el juego del conocimiento. Tal pertinencia sólo puede ser contemplada con ocasión del pensamiento del ser-ahí que piensa el ente. Ahora, que si ustedes me preguntaran qué significa “forma” lo diría de esta manera: la forma es una obturación a una secuencia fenoménica dada, de ahí se procede a la re-iteración, no sup-l-e-mental, no com-pl-e-mentaria, más bien elemental, pre-poniente del eso mismo obturado, el sí mismo, tiempo-espacio de mi meditar, lo que está por debajo de mis ideas, la condición de posibilidad de la comprensión del sentido del ser del ente, lo que de común llamarías “cuerpo”, pero que, en propiedad, no existe y simplemente se llama “amor. Ésta es la forma donde se hormaron mis zapatos, “el ser es, el ente no es.” Yo camino descalzo. En mi ciudad, ¿quién crees que pueda seguir mis pasos? Mi vida, mis amantes. ¿En el mundo?

domingo, 27 de marzo de 2011

un poeta no es su vida

(Historia real de los poetas)


pero la vida hace a un poeta

Si escribiera una novela
escribiria una historia
de todas las personas que me han sido
Pero no busco esa novela,
tengo mi vida.

Mi hermano murió muerto

Mi hermano murió muerto,
Dentro de mí, ahí, uno conmigo.

¿Quién es aquél que puede decir qué semillas germinarán?

Uno y Dios, Uno y uno-mismo

El hombre que se encarna a sí mismo,
Replicante.
De ahí el miedo a la clonación.
Un burgués es un cerdo y mil metáforas más.
El poeta es un sonido y mil sonidos secretos.

Fuimos

Fuimos el origen y el principio,
La carne y la carne,
El secreto y el abismo,
El abismo y la sangre.

Tu rostro secreto,
Tu rostro sin carne,
Tu rostro secreto
En el abismo de madre.

Hombre,

En el vientre de la madre,
Sin sonido, sin secreto,
Te maté, me mataste.
Fuimos uno mismo dos.

Ya sólo restas tú

A Cynthia, que se me olvidó su muerte

Ya sólo restas tú,
Tu carne, su abismo,
Tu nada.

Ya sólo restas tú,
Lo último reconvenido,
La última reconvención.
¿Qué es del hombre que muere?
¿Quién redime la Deconvención?

¿El ente podría rehacer al abismo?
¿De lo depotenciado a sí, retornar a sí mismo?
¿Un más allá ultra-eterno, trans-mortal?
¿Ultra-venido?
¿Ultra-terreste?

Ultradeconvención del ente: Hombre-Poeta

Cuando el hombre sepa hacer rocas y no concreto, sabrá ser sonido sin aliento.
Cuando el hombre cante como las olas del mar, sabrá que cada canto es eterno.
Cuando el hombre ría como la luz del cielo, sabrá ser abismo para el lucero.
Cuando el hombre alumbre como hombre, será secreto del destino,
Será los ojos de mil cuerpos, será la vida de mil piedras vividas
En la piel del hermano,
En el vientre de la madre,
en la luz del infinito.

Constitución

Los hijos del viento fueron condenados
A vivir abrazados,
eternamente,
en su aliento
A tu rostro, a mi piel.
A tu roca en mi sangre,
A tu sangre en mi boca,
A mi boca en tu piel.

Teoría de la poesía

La poesía es poesía.

¿El lenguaje es poesía?
¿La poesía es lenguaje?
¿El lenguaje es lenguaje?
¿El lenguaje es la poesía?
¿La poesía es la poesía?

Ser poesía es estar en el lenguaje,
El lenguaje es estar en la boca.
La boca es el beso o el abrazo del viento
Del tiempo en tu boca.

El tiempo de tu boca es el sentido,
Dulce vino que te evoca.

La poesía,
tiempo-espacio del ser y la nada.

Gruñido

Ahhg!
Ustedes y las letras!
Ustedes y el fin del mundo!

Algunos escribieron pasados,
Ustedes simplemente están muertos.
Idiotas!

viernes, 25 de marzo de 2011

No se nace ni se es traído.
Se es hijo, se es padre.

Aquí, dices

Dios, el dios del silencio.

Sin rostro llamas a ser observado,
Sin sentido, sin secretos.

Sin manos tocas mi sonido,
Sin Sonido marcas mis pasos,
Tus vientos, tu calle.

Sin imágenes, te colocas en el suelo,
Aquí, planta tu palabra, dices,
Aquí la palabra nace.

Ave

Abismo,
desconsuelo del canto de tu canto:
Nada escucha tus brazos,
Nadie clama en tu valle.

El mar espera la noche,
espera redimirte en mil colores.

Rostro la noche

Espejo,
No sos la noche ni mi sonido,
No sabes reflejar el canto del hombre.
¿Aún así me pides ser reflexivo?

Palabra

Poeta, tu dulce boca,
Tu dulce daga.

Letras doradas de tu boca,
Sangre dorada de tu daga.

miércoles, 23 de marzo de 2011

La visita

Encontré el granero vacío,
Aún cuando dijiste Pasa
Siéntate, estás es tu hogar.
No había fruta o conservas,
Mieles o pasto para el ganado,
No había carne ni vino,
No había más que el eco tu voz
Y el eco de mis pasos y los tuyos.

Aún así nos sentamos
A departir tu soledad,
Tu bello mundo.

Afuera continuó girando,
Sin saber de nuestras ansias,
Nuestras conciertos,
Nuestra desilusión,
Nuestra sabiduría.

Ay! Raza humana.

Mi Edad en mil años

Del sol jamás dijiste qué tan bello,
De su luz tu amor jamás se inspiró.
Todas tus creaciones a tu gloria eterna:
Ningún monumento carente de autor.

¿Sabes quién habrá de recordarnos?

Estela

Cuatro generaciones que hablaron
Del hombre, del cielo,
De la tierra, de la gente.

Entre el hombre y la gente
Los dioses, el dios y su muerte,

En esas palabras que trazan el cielo.

El ave mi padre, las aves del oriente.

La oímos cantar. Recuerda.

Antiguos linajes preservados
Más allá de la destrucción de la ciudad.

Cada piedra colocada cual signo

Cada palabra enuncia su propiedad,
Su vacío.

La asignación de su destino y el temblor de la carne

Cada signo soporta su sentido,

Cada sentido desangra al mortal.

Desgarrado, muerto.

Tiempo e Historia

Príncipes de la paz eterna.

Apolo y Dionisio cantan y bailan cada siglo.

No contemplo leyes de nación, de Estela,
De roca dura inexistente,
de leyendas oscuras sobre un linaje
que nunca nos precedió,
que nunca socorrió nuestra ansiedad,
nuestro misterio.

Nuestra tierra desolada de sus mitos,
De tu martillo,
de tu lanza,
De tu invocación.

De tu corte de tinieblas y encanto,
De tus clavos lacerantes,
De tus higueras defloradas,
De tus palabras de infierno y silencio.
De martir, de salvación,
De ignorancia.

Sangre que brota de la espada,
Espada que retorna al silencio.

Cada piedra es testigo del mismo maleficio.
Cada piedra susurra sus tiempos sin aurora.

El hombre, espejo divino.

El fuego.

¿Qué música oyó aquél
que en su nombre porta
el canto de las aves?

Cada destrucción recuerda en piel
todos los ídolos enterrados.

Dame la palabra que arrulla la noche,

Dame el canto de la estrella que muere,

Deme la imagen del siglo de victoria,

Dame todo lo que tu aliento nos obligó a callar.

A callarte.

Al amparo del silencio te vi recorrer la costa,
Tránsito sin texto y sin fuentes para tu sed.

Tributo en marfiles,
fuegos que regocijan al suelo,
Que lo danzan,
Que desplazan la marca de la tierra de mi gente.

Perforada mi piel con los huesos de mis enemigos,
Canibalismo del muerto que preserva sus pasos,
Comiendo mis labios, mi frente, mi nariz.

Ven, te doy mi lengua.

Camina ya sin piernas el hermano tiempo,
Sopla su silencio entre la carne y la pared.
La sangre de mi pueblo en el viento,
El Viento de dios sin pared, sin sustento.

¿Dónde están mis templos?
Dijo el Dios del silencio.

Entró el hombre a la gente.

Pórtico original
Que aún en su muerte sabe
Del abismo interno.

Siempre viva,
A devolver
En lágrimas, en lluvia,
Su propio corazón.

Cauterización de la totalidad del despliegue.

En esas palabras que trazan la carne.

Lamento sagrado de lo sagrado
Sacrificio de lo eterno
Y la voluntad de poder
En el altar del pasado.

Cuerpo, historia, mujer.

En goce secreto
Deposita aquí todo tu dolor.

Hermano
Quiero preservar cada verso
En un aparato instrumental
De cálculo, predicción y destino.

Poema.

El centro del abismo
Tierra gélida que brota de su suelo
Al calor del hermano ardiente

- Humano -

Este es mi mundo.

lunes, 21 de marzo de 2011

Dije

Dije,
Y las palabras trazaron el abismo,
Entre las olas y olas de aire mortal,
Homicida,
De vapor de metal hermoso,
De metal suicida,
De temblor de tierra humano,
De orgasmo intelectual.

Fijación de las auroras

Te levantas a dar tu luz,
Te levantas a nevar tu aurora,
Tu corazón.

Más queda algo por decir,
Ven! Te lo ruego.

Somos lo que nombra su canto

No era yo tu sombra
Ni lo que sueñas al despertar,
Era la muerte divina

Soplando su viento mortal.

Fuimos el engarce entre roca y roca,
Éramos la fusión molecular.
Éramos el aliento infinito del tiempo.

Soplando su muerte mortal

Ay! El Dios vivo!
Nos atrevemos a cantar.

La voz del Ángel

Ya no tocan mis campanas,
Nadie recuerda mi canto,
Vivo sólo en este campanario
El corazón eterno de Dios.

¡Quién diría que terminaríamos aquí!
En esta tristeza, en esta soledad.

Noches de oración

Noche de San Juan

Noche de lenguas,
entre los carromatos
y las palabras desfiladas,
donde corta y corta
la palabra a su alrededor.

El viento la conforma,
El aroma le da papel,
Los astros la enrollan y la enrollan,
La palabra se olvida de todo,
Se olvida de él.


Noche de San Benito

Noche de lenguas,
Palabras desfiladas
Que del viento las conforma.


La palabra que se olvidó
De la palabra en rededor.

La lengua.

Entre los carromatos
El aroma le da papel
Donde corta y corta.


Los sistros a su alrededor
Se olvidan de él.

Música divina la llaman.

miércoles, 9 de marzo de 2011

La posición lírica

Como un ángel que busca intervenir sin jamás mancharse del pecado, así el autor relata sus textos, sin querer participar en la construcción de los hechos. Lo que es, es, en tanto eso es, eso mismo que es.

Con esto se han fundado los controles lógicos de la alteridad, el campo de la subjetividad como armadura del autor y la objetividad en tanto régimen de disponibilidad y manipulación de lo existente.


Pensemos brevemente la constitución de cada uno de estos ámbitos al interior de una representación cinematográfica. En I am Sam de Sean Pean la trama de la película no puede avanzar si Sam tiene a su lado a sus padres o a algún otro familiar que lo ayude en su discapacidad intelectual. Mismo caso en The persuit of happines, donde si Will Smith tiene a su familia cerca la tensión del drama de la película tampoco avanza. Algo similar podemos señalar en The Black Swann, donde si Natalie Portman tiene un maquillista la historia tampoco puede ser lo que es.


Para el caso, la comprensión de los controles lógicos de la alteridad y su relación con lo que entendemos por narración, imaginemos la creación de una historia.


En la trama de una historia de ficción cuando se piensa la situación del protagonista, el personaje –o de menos cuando se piensa la posibilidad real de tal situación al pensarse la representación referencialmente a la composición de una sociedad contemporánea como la americana (mundo) – al instante de la creación, no es una historia total la que se piensa como creación literaria, más bien lo creado es una situación, o, para ser más precisos, una posición lírica.


La posición lírica es la que dispone la necesidad de un cuadro, su avance, su retroceso y la concatenación de cada instante relatado en relación a la propia posición lírica fundamental en toda la narración. No existe el comienzo narrativo sin la posición lírica, no existe el final sin ella. Desde la selección de un tropo que inaugure la narrativa visual de la película, como la pluma que vuela por el aíre en Forrest Gump, hasta la selección de tonos para la fotografía como en Amores Perros, el arte de la dirección de escena de cualquier película de David Lynch, o el equipo que tiene que formarse y uni-formarse con actores en una cinta hasta formar ese todo de un coro sobre el plato, todo se remonta a la posición lírica fundamental.


Para comprender mejor lo que queremos decir, al respecto del extremo de la posición lírica, la muerte al interior de la escena, es la culminación de esa posición. El desamparo de todo un cuadro ante la muerte del sol que irradiaba su luz a todas las superficies, a todas las películas.
La enunciación práctica del personaje abduce de facto la totalidad de los cuadros de su vida. No es que estos ya se hayan imaginado por la conciencia del autor, más bien ocurre que estos cuadros palpitan en su necesidad desde el posible despliegue de la posición lírica fundamental. La concatenación de los eventos, como una fabula que palpita al interior de la posición lírica, depende de que esa palpitación marque el ritmo general de todo amor que atraviese la escena, su producción, la representación total de una narrativa.


La marca del ritmo es, por tanto, un proceso de inducción que parte de lo concreto recién fundado por la posición lírica en dirección hacia la totalidad de los eventos.


Lo peculiar de ésta inductividad es que ella no parte de lo particular a lo general en un sentido lógico. Sucede más bien que parta de lo particular a lo total de la propia particularidad en tanto totalidad temporal de los instantes concatenados. El tiempo narrado es siempre una reiteración de la posición lírica sobre si misma. Este tiempo, el tiempo de la historia, no es el tiempo vulgar de la cronología, mucho menos el del orden de sucesión de eventos como precipitación fatal e inexorable de un destino, antes es la propia destinación del destino. Ya todo esto, el espacio-tiempo dentro de la narrativa, se contiene absoluto en el interior de la posición lírica.
Pero ahora, en la antípoda de quien recién funda la posición, un poeta, la constitución de la narrativa en tanto expectativa de la recepción, es la lógica quien simplemente juega la coartada que permite distinguir al interior de la escena multitud de objetos y sujetos donde sólo es la posición lírica fundamental. Ella permite cuadrar las proporciones y los eventos, no al poeta, al espectador.


Si en la fundación de la posición lírica el creador desconoce absolutamente todo del personaje, el espectador, el intérprete, ya siempre goza de la realidad constreñida al interior de dicho fundamento. La lógica, como ámbito de iteración, reitera su propia pauta, es ella quien aprovecha la posición lírica al imprimir en el despliegue de la lírica un despliegue plástico ahí, donde, solo, soplaba el viento de la inspiración.


La lógica, a tal punto, comparece como un despliegue de traducción que media entre la experiencia del autor y la experiencia del espectador. (Necesidad de comprender al actor desde esta doble escena)

La historicidad de las historias no se corresponde con la lógica. Ni las narrativas de ficción ni las narrativas históricas poseen algo de lógica más que en la dimensión plástica de las mismas; es decir, como régimen de identidades y diferencias de la totalidad del mundo comparecido al interior de la representación narrativa.


El juego de la narración requiere de este despliegue plástico, sí, pero de fondo, este despliegue plástico puede ser completamente desechable respecto a lo que es la poesía. La receptividad lírica y su implementación existencial como égida existencial puede prescindir de esta plástica de la conciencia, de la verdad, del sentido. (A tal punto y por ello mismo, la posición lírica es ulterior a cualquier diversificación, reversifición o perversificación del positum lírico)

Al momento de la comprensión de una historia, nosotros lectores, queremos partir de la disponibilidad técnica del ente en todos los planos que la conciencia puede contemplar, el sí mismo, el mundo real, el espacio de la representación de una narrativa. Pero la narración de una historia sólo depende del despliegue de la posición lírica fundamental.

Pero ahora, en el dominio plástico que la lógica imprime, al decir que la enunciación práctica del personaje abduce de facto la totalidad de los cuadros de su vida, hemos de comprender que el concepto vida sólo tendrá cabida y pertinencia al interior de la lógica de los eventos que median entre la posición lírica.

Por ello, si quisiéramos comenzar por distinguir las falacias actuantes (lógica) en toda distinción entre teoría y praxis, entre filosofía y realidad, entre ficción e historia, baste comenzar con esta maravillosa imagen que nos legó Walter Benjamín, su IX tesis de la historia:

Hay un cuadro de Klee que se titula Angelus Novus. Se ve en él un ángel, al parecer en el momento de alejarse de algo sobre lo cual clava su mirada. Tiene los ojos desorbitados, la boca abierta y las alas tendidas. El ángel de la historia debe tener ese aspecto. Su rostro está vuelto hacia el pasado. En lo que para nosotros aparece como una cadena de acontecimientos, él ve una catástrofe única, que arroja a sus pies ruina sobre ruina, amontonándolas sin cesar. El ángel quisiera detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo destruido. Pero un huracán sopla desde el paraíso y se arremolina en sus alas, y es tan fuerte que el ángel ya no puede plegarlas. Este huracán lo arrastra irresistiblemente hacia el futuro, al cual vuelve las espaldas, mientras el cúmulo de ruinas crece ante él hasta el cielo. Este huracán es lo que nosotros llamamos progreso.

Así como nosotros resaltamos es, eso, mismo, Benjamin nos llama la atención sobre tres instancias: nosotros, él, éste. Nosotros la humanidad, él, el ángel, éste, el huracán que arrastra irresistiblemente hacia el futuro. Lo maravilloso de esto es que para todo esto hemos ya olvidado que él no el angel, él es el cuadro mismo.


Imaginemos qué constructos hacen posible esta re-presentación, que, cabe suponer, aquello mismo que hace posible la re-presentación, es eso mismo que se presenta en tanto historicidad; el tiempo como soplo-dispositivo total de la escena que se pliega desde el paraíso. La cuestión es que el artificio que Benjamin quiere hacer pasar por la voluntad y espanto del ángel, su mera receptividad plástica, no es suya, ni del ángel.


En tanto que para Benjamin este eso es la historicidad misma, ese mismo tanto que para nosotros es simplemente la lógica-plastificada habilitada desde la posición lírica, los constructos lógicos de la alteridad que ya siempre aseguran el movimiento mismo de la conciencia en el sínodo de la expectación.


Esa receptividad plástica la podemos ver ensamblada y configurada en el proceso constructivo de los volúmenes del antiguo testamento. El seguimiento puntual de la ingeniería intertextual que configura los evangelios en su doble raigambre greco-hebrea podría muy bien señalarnos el régimen de pertenencia dogmática a la que Benjamin refiere como acumulación de ruinas sobre ruinas.


Como si la cita estuviera aguardando a que nosotros la transcribiéramos, en la meditación de otro pensador alemán, podemos sacar otro comentario sobre la obra de Paul Klee, que, aún cuando no sea sobre Angelus Novus de Benjamin, al caso nos permite con-templar la sobra de la imagen misma:

Si en este momento nos fueran mostrados en su original dos cuadros: la acuarela “Santos desde una ventana” y la témpera sobre arpillera “Muerte y fuego”, que Paul Klee pintó el año de su muerte, nos gustaría quedar mirándolos un largo rato… abandonando toda pretensión de entenderlos de inmediato.[1]

La posición lírica que fundamenta la visión de la historia de Benjamin es la misma posición nihilista que con-templa la temporalidad humana como un interdicto entre la palabra original del huracán y el grito sordo del ángel que Benjamin ve, más no así que Klee pinta. Lo que siempre se pierde como paso del tiempo es la anegación de las aguas del espíritu humano, la sedimentación de los lodos de nuestra gracia en las piedras del lenguaje, de las palabras.


Aquí, entonces, el ángel que Klee pinta puede ser cualquier cosa menos lo que Benjamin quiere ver en él. La construcción teórico-cognitiva de una tesis reposa entonces en una atribución de sentido por parte del espectador-ángel-Benjamin, donde el huracán-tiempo-autor sopla sin que el espectador pueda hacer algo en contra de ello. La historia es lo inevitable en su plena inevitabilidad, una materialidad de émbolo y pistón irresistible, insaciable. Una violación que comete el pensador filosófico al atribuir generalidades co-intituidas desde la narrativa mesiánica de una cultura para con la totalidad de los procesos humanos.


A tal sentido este mismo género de pesimismo lo encontramos en otro de los grandes teóricos del arte del marxismo contemporáneo, Fredric Jameson, que, ab-usando de las posiciones líricas únicas ganadas por Shakespeare, coloca a una de sus obras por título y por epígrafe un parlamento de Banquo de MacBeth, atribuyéndose con ello la heredad y posteridad filosófica que, por sobre la “futura” traición que la filosofía inspirada por las tres hermanas fatales, configuran su libro Las semillas del tiempo: “Si podéis mirar dentro de las semillas del tiempo y decir qué grano germinará y cuál no, habladme, entonces, a mí, que no solicito ni temo vuestros favores ni vuestro odio”.[2]

Los problemas que esto eyecta respecto a las líneas fundamentales de la teoría de la historia, la filosofía de la historia, la ontología y el pensamiento del ser tendrán que irse re-velando a partir de este momento:

Enigma para todos
los que vivían en el mismo recuerdo,
y no sólo los sauces o la arena
sino también los templos arranque;
y que la gloria
del semidios y de los suyos
desaparezca y hasta el altísimo
desvíe su rostro
para que nunca más un inmortal
apareciera en el cielo
o en la tierra que verdece…
¿qué significa esto?
Tal es el ademán del sembrador,
cuando en la pala recoge
las semillas arrojándolas sobre la era.
A sus pies cae la cáscara
pero el grano llega,
y no es dañoso
si algunas se pierden y el sonido
de las palabras se apaga
pues la obra divina
se asemeja a la nuestra. Y el Altísimo
no quiere todo de una vez.
[3]



[1] Martin Heidegger, Tiempo y ser, Madrid, Tecnos, 2006, p. 19.
[2] Shakespeare, MacBeth, Acto primero, escena III.
[3] Friedrich Hölderlin, Patmos.

lunes, 7 de marzo de 2011

figura, física, función-madre

fisura femenina, vortex
por donde escapa la fe,
poema,
palabra encarnada, palabrada.

Palabrador de la palabra encarnada,
Palabrado de la piedra humana,
Hijo de hombre,
Hombre de poetas.
Poetas guerreros
y tiradores de flechas,
arco que preservala carne:
jur-a-mento y la llama verdad.

Sacricados en la roca o en la cama,

Ladridos del perro del infierno

III

Es cierto,
En ocasiones
Los venenos relajan y permiten reposar el sentido
En tierra
que resguarda su futuro despertar.

Tú no querías descanso
Tú buscábamos morir,
Legar el aliento agotado de tu silencio,
Tu voluntad de ausencia,
Tu voluntad de redención.


IV

Como la luna te levantas

Desde el océano a la costa,
Sin rostro,
Sin reflejo
Sin vida.

Te levantas,
Aparición sin llano,
Ya sin cuerpo,
Ya sin desolación

Sólo tú, fantasma,

Selva seca de Oaxaca


V

Avanza sobre mí, camina,
Grita como bestia alada
El nombre de tu necesidad,

Mi deseo,

Mi muleta,

Control del perro mentiroso,
Ladrido de mi seguridad social,

Tiempo-Tierra

La tierra es vieja
Tan vieja, que ni tú ni yo
Podemos imaginar.

Más vieja que la palabra más vieja,

Más vieja que la palabra Tierra,
Palabra que no envejece,
Que se sigue acumulando,
Siempre tierra,
Siempre igual.

Tu viejo olor de vinagre

Tu viejo olor de vinagre
Humano
Alma
Existencial.

Tristeza suicida,
Del cuervo,
De París,
De tu cuarto
Con mil libros leídos
Y ninguno con tu señal.

sábado, 5 de marzo de 2011

Canta Oh! Diosa

El poeta escribía y escribía,
sin siquiera percatarse de la importancia de sus propios versos,
como un niño que pinta danzas o dioses en crayolas
sobre el sello amarillo de sus retratos;
como el otro niño aquel,
que bailaba sobre discos y discos,
contornos en secreto de los Beatles y de Lennon,
donde Nadie..., Nadie,
Nadie ha muerto.

Es que el poeta antes no escribió,
Solo cantaba los cantos del abismo,
él, ante el silencio humano.

Te imaginas la época de Homero,
donde Homero cantaba.

Te imaginas después ser tú
Quien habla,

No eres tú viendo a Homero
Cantar su antiguo Poema,

Eres tú, siendo tú,
Cantando tu único poema.

Multitudes enteras,
Trances multitudinarios,
Donde cada uno veía,
Lloraba, sufría o gritaba,
De ser cada escena del canto poeta,
Donde ser tú y sólo tú
Imaginabas

Permitías,

Ser, alguien real:

No-hombre, no-mujer, no-igualdad.

Tú, tú y sólo tú ante el silencio del hombre.

Política

El abismo del precipicio,
del aullido de la nada,
al silencio que carcome todo el tiempo,
El silencio ante la nada.

ahí
(fisura humana)

Banquo

Todos mis intestinos puestos al sol,
Ah! el pantano humano.

El cielo es aquí,
Pon tu dedo en la palabra dedo,
Dice una.

Aquí es la puerta y el abismo,
Aquí la puerta del infierno,
Dice otra.

Y la creación,
Aquí uno y uno mismo,
Dice ninguna.

Alguien escribe el signo
Pantocrator,

Yo no mismo,
Mi carne,
Mi cuerpo,
Mí espíritu,

Tus ojos,
Tu voz.

Aquí

Aquí,
Donde resuena,
También es aquí.
Mi pluma y el verbo.
Aquí la palabra que zumba
En silencio.
Aquí donde terminas de leer
Y permaneces.
Aquí, mi infierno,
Mi letra,
Mi fuego,
Mi contienda,
Mi risa infinita,
mi Risa mortal.

Lectura

Te leímos.
Te leímos.
Leímos y leímos.
Te leímos otra vez.
En las palabras de zutano.
En los escritos de éste.
En los adagios de fulano,
En el fusilamiento de aquél.

Te leímos,
Te leímos otra vez.
¿qué pasó?

Que sólo un dios oscuro
Contempla el movimiento
De la sangre en la pared.

martes, 1 de marzo de 2011

El lenguaje también abduce

Existen letras que cambian de lengua en lengua,
Amor y Amor mismo.
Existen letras que se aman desde el fondo del abismo.
La a, la b, la s.
Existen letras que seducen desde el abismo mismo.
La f, la i.
Existen letras que abducen el sonido,
Vocales que se silencian antes de salir a pronunciar.

¿Por qué la vocalidad tendría que estar subsumida en la boca humana?
Existen otras bocas que aman distinto.
En ese sonido yace toda imaginación.
Entrar y ser ex-pelido.
Sonido de la carne,
Aullido de la piel.
Grito del hermano exs-istido.

Reseñas liod sar

Pan Theos Pan


Pan

Pan Theos

Pan Theos Pan


Todos los hijos de Dios convidados al carnaval.

Uno a Uno en uno mismo.

Uno y Uno mismo en cada cual.

Cada Cual en Uno Mismo

Cada Uno mismo es Tal Cual.

Cada Cual es uno mismo.

Uno Mismo Para Cada Cual.

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