miércoles, 28 de abril de 2010

Retumba el palpitar silente del abismo

Retumba el palpitar silente del abismo,


retumba el palpitar silente del abismo,


retumba el palpitar silente del abismo,


¡Retumba el palpitar silente del abismo!

martes, 27 de abril de 2010

las diosas oscuras

La noche silente que de la noche aguarda su brisa.
La reefectuación de tu pena y su gloria,
su martillo y su orfebrería
al fulgor eterno de lo que conoce su propia muerte.

El día, la verdad, la aurora,
abres tus ojos y liberas el impulso, lo palpable,
que de poseer tu mirar podría destruir estrellas
y ser ahí un poema que fuera mañana.

A la noche silente aguardas tu doble noche reefectuada,
en la fragua de las diosas oscuras,
de sus tiempos inmemoriales,
y del fuego de las violencias que arden,
y que de los dientes de perro no asolaban
al amante, al amado, al triste o al cavilante.

Era de la época donde nada estaba
y palpitaba como eterno presente.
Era de la promesa de la noche eterna,
y de sus ojos que soñaron a las estrellas.

al instante

Lo que quería era sucumbir al instante
del temblor de tu piel y mi risa,
del nylon maldito que se torna redención
y que rasga el saber y frenética lo contorna,
en impulso, en lanza, en ironía.
En la flecha que palpita aún sangrante,
con tu sangre, con mi sangre,
y en la encrucijada de los verbos y las alas,
conduce la humedad de tus piernas amando a las mías.

Lo que quería era la verdad que desconoce al tiempo,
y se enfrenta a la soberbia del instante,
la exhalación que conjura el poder
y nos torna revelación de la lengua profética.
Del yugo silente de una zarza que arde e implora,
a la gloría en la encrucijada del desierto,
al nylon maldito que desfigura el intento
y del roce y la lengua sobre lo silente
afronta aquello que no requiere sentido.

lunes, 26 de abril de 2010

Ten cuidado que mi alma está hecha de dragones

Recuerdas que te amaba pero en la mañana ya no,
Eran los nombres de fantasmas que acudían a mi voz ausente
cuando tu alma calentaba mis augurios y mis oráculos y mis promesas y mis delirios.
Eran los fastidios de las épocas que aún no existían
y eran sólo el martirio de los muertos al olvido,
los que nunca cesarán de memorar las angustias de los amantes
que se despiden sin haberse dicho todos sus nombres,
todas sus letras o todas sus pieles.
Los pliegues o los intersticios de ellas,
los vacíos silentes entre cada signo o cada pierna
de fuego y miradas ausentes.

¿cómo te metes un poema por el culo?
Ten cuidado que mi alma está hecha de dragones.

Alada

Si no te tengo a ti entonces no serás.
Antigua resolución de un canto, de un ave,
las siluetas posterizadas en cada estrofa,
en el aire de la cadencia que respiras, te respira y adolece de la vida.
Que se respira entre tu boca y la mía, nuestras narices,
y el aire turbio vive y que adolece de tu contacto, de tu piel
y el sabor marino que convoca al ave.
Se extenúa, se desgasta y nos pide abramos la ventana…
Y a su vuelo eres tú
que convoca en cada brisa
los perfumes de los rayos del sol
en sus alas
en tus risas.
Pero al mar se dirige a morir en el silencio azul
que se pierde donde el mundo deja de ser mundo
y retorna a ser tu risa o su silencio,
o el ámbar de tu mirar que se pierde en el tiempo de la brisa.

Mi deseo no eres tú, mi deseo es esa ave.

je n'ai pas compris

No hay nada que comprender de cualquier manera,
deja mejor que la palabra te comprenda y te arrope como a una nena,
que tiene sueño y la palabra le insufla los bellos sueños de sus días de princesa,
de sus días de soberana de su mundo y su risa,
del dominio alegre que brinca turgente por el campo de sus risas y sus berridos,
de tus gritos que nombran al cielo y al infierno en una charada de tus brillos,
y sus cabellos sueltos a la nada de tus compases.
¿Los escuchas? Son las risas de tus amigos,
los que bailan y aún te aguardan al lugar en el campo donde solías ser el sol…
o la luna, o las estrellas mistéricas que en su sonrisa escondían
el aliento del dios pendenciero que gustaba de bailar los sábados por la noche
para llegar con su princesa a darle un beso tierno en la frente del mañana,
del aliento y la despedida al futuro azul y amarillo,
de la sonrisa de un príncipe lejano que sería tu sueño y tu delirio,
que será tu propia piel y habitación.
Duerme entonces, y mañana trata de entender tus bucles o tus lagañas,
o porqué te levantas siempre sin un calcetín o
con un chicle sobre la panza

A Lorca

Luminosas las páginas que tu pluma nos legaste,
decías “oscuridad” y las estrellas se ocultaban
sorprendidas en su brillo infante por el afamado padre,
el que solicita reposo después de un día de creación.

Si decías “hambre” los cielos te ofrendaban nubes,
y las devorabas en el abismo de tus letras,
de tus notas, tus cuadernos, y de tus canciones.

“¡Míralo por donde viene!
Sátiro de estrellas bajas
con sus lenguas relucientes.”

Solías danzar entre las torres,
y en América o en tu España
eras el pastor y el azote,
el león de las rosas que buscaban tu rosa,
o tu amor, o tu delirio, pero no tugurios de reflexión ausente.

Nunca suicida, preñado y preñador,
de Marte y rocas de delirio,
en las flores de ronda de matices y de alcoholes,
en las alcobas de reflexión austral y desaliento alegre,
en las noches de gritar al campo los vientos de los hombres.

¡Ay! Pero fuiste el verde insano
de los delirios proxenetas de tu época.
¡Furor homicida que levantó al armiño en contra del poeta!
Espera que no espera y no busques,
sólo encuentra la pluma que te decía
y te nombraba y te daba y te otorgaba,
al imperio y poder de faisán,
que en toronjas y naranjas exprimías en instante.
En tu voz.

domingo, 25 de abril de 2010

los silente que palpita

I

El sustrato balbuciente de nuestras miradas,
que coloca el signo donde vendrán nuestros días y nuestros destinos,
(Los túmulos de nuestro eterno reposo)
¿No es acaso el sueño que encomiendan
nuestros hijos en nuestros sueños?

Lo balbuciente es tu mano que señala,
y señala hacia un páramo del desierto.
Lo asienta. Lo apisona. En ese abismo está tu casa.

¡Ah! Lo banal de nuestra perspectiva,
que si no cuenta con la conjura de la ley
no tolera que los mares se levanten como destino y creación.

¿Pero acaso no es ya la ley
hija de nuestro soñar balbuciente?,
¿del futuro preñado por nuestros agobios, penas y martirios?,
¿por nuestros delirios de sentido y hondonadas?

Es entonces lo silente de tu mirar
lo que inaugura el hueco de la forma,
Es primer sonido de tus ojos
que salva el abismo silente del entorno,
del palpitar de tus pestañas batidas al abismo.

(que tus ojos enuncian en el mirar que se pliega y el vistazo del caos)


II

No es el poder silente de tu mirada
lo que clausura el caos de tu paso
e inscribe la historia del cosmos y las galaxias
en los signos de tu cabello suelto al viento insolente de los eones.
Era templanza y de pasión descomunal, lo silente,
fe titánica y fúrica y rábica de los tiempos que jamás cesan,
y reclaman el resarcimiento de la instancia primigenia del destino.

Enciendes otro augurio y los pensamientos se siguen abrumando,
al instante expoliado en la cuenta que explota con cada idea,
con cada aporía, de tus labios y en tus labios en un beso al abismo.
Son los cursos de tus muslos que delinean a los vientos, y esculpen
en tu mirarte las fuerzas tectónicas que tejerán los surcos de la tierra.

(Se condensa el punto cero donde espaciotiempo no son, no eran,
pero tampoco hieren u observan)

Es el Tártaro que palpita en el intersticio de nuestro abismo,
Es la tierra de promesas erradas que dijeron realizar su sueño
en tiempos ajenos a la presencia.
Es entonces el dragón de nuestros ojos, él anuncia
el final de nuestras disputas y nuestros sueños.
Aletea tremendas faenas y con aliento terrible
cauteriza cualquier quiebre en la cantera de tus manos y las mías,
de los designios de la almas en combate de posesión a una sola espalda,
una sola lápida o una sola cuerda de vida de la memoria lascera,
Es donde inscribir las asignaciones susurradas por la voz mistérica
de los árboles sobre las manos ya reunidas,
el más allá interior al horizonte que con un golpe lo silente domina.

Fuerza

La Fuerza (ultrajes desgarradores),
infinita de los años en tanto los tiempos sean de años infinitos.
¿Qué puede contra la Fuerza?
Determinar el tiempo y elegir cada instante como el deseo de tu boca.

De tus palabras, y mis desfalcos,
del fuego de la memoria que estabiliza el turbio movimiento del Abismo,
en tu Abismo, en tus labios.
Así la rebelión se fija, su imagen en nuestras retinas,
y fija nuestras retinas en la voz del mito.

La lengua torna
Todo se hace… cruelmente real
…patéticamente real
Violentamente
y llora el artífice, que se erige en la imagen,
la palabra que gobierna al tiempo y su posesión.
Pero torpe observa,
como elefantes aplastan las conciencias.
¿por qué lo último que interesa al poeta es lo real?
¿por qué lo único que ocupa al poeta es lo real? (palpitación de tu deseo)
Ahí la violencia de sus piernas reinaugura el deseo,
Y la palabra se torna en simbólica del viento,
de la plenitud, de la fuerza,
del cielo abierto donde el titán contempló nuestros alientos.
Turgentes la voces que tu boca expele. De ámbar y amatista la riqueza de sus referenciales.
¿Qué dices? Cosas inconfesables pues la modestia es mi única soberana.
Ahí susurro, por debajo de sus olas, los pecados que cometería en su cuerpo
de tomarla desprevenida. ¡Ah! La belleza del mar que nunca se cansa de mostrar sus encajes y sus filos de plata… pero luego desconfío, las olas sus uñas y muerdo tus piedras…
ahí descubro tu eficaz artificio. Tus voces claman al hueco, y yo no soy sino el bufón de la corte de tus tristezas.
¡Ah! Mi soberana se molesta, extiende su mano a la garganta y sella por mil años las cuerdas de las liras milenarias.

viernes, 23 de abril de 2010

Buscan el juego de la voz acaecida que en su ritual
expande el habitar extranjero a la nación.
Incólume, entonces las experiencias se precipitan.
Uno a uno tus pasos retumban en la memoria
¿Verdad que es un lindo día?
Y la máquina segadora corta los destinos de las verdes hojas.
Entonces es que te miro, y miro tu sonrisa.
Y miro tus piernas y arde la frente arde, quema.
El silencio se precipita, abruma,
convoca los destinos y erradica las historias.
El tiempo se concentra y borra las caricias.
El tiempo se agota y explota,
así en dulce candor la nave emprende la partida.
Indómito laertida que de los infiernos tu padre es fuego,
se fugó jugando el destino en un lance místico de dados,
los dados del señor del abismo, del olvido.

Silencio

Tenía seis años cuando la abuela murió. Fulminante, un ataque al corazón en la parada del autobús. Venía justo a mi casa, a ver a mamá. Apenas cincuenta y siete años.
Durante casi todo un año mamá no podía con la soledad. Por demás fue un año extraño, no sé, pues apenas terminaba la tarde, se iba la electricidad. Un zumbido en los oídos se apoderaba de toda mi atención cuando el televisor de súbito quedaba apagado y la habitación se vaciaba en medio de la penumbra.
Entonces venía el sollozo. Era automático. Un breve gimoteo que in crescendo culminaba con un llanto desconsolado, casi enfermizo. Me rodeaba, me aniquilaba.
Me sumergía en esa misma desolación. No sé, creo que el llanto es silencio, pero yo nunca pude con él.
— Mami, ¿qué pasa? — y es que yo no entendía —, ¡mamita por favor no llores! —, le suplicaba una y otra vez mientras abrazaba sus rodillas, tomaba su mano y la apretaba en tanto el silencio, por oleadas, me inundaba junto a ella.
No sé, una marejada de tristeza, inaprensible, inabarcable, me derrotaba. Entonces mamá me tendía sus brazos, me levantaba desde el suelo y ponía mi rostro junto al suyo.
Igual y sólo pasó en una ocasión, pero ese contacto tan calido de sus mejillas inundadas me congela cada vez que escucho aquél zumbido que resta de la transmisión ausente, cada vez que permanece la silueta de las cosas en mi retina cuando la luz se escapa, cada vez que he visto, o peor, he hecho llorar a alguna mujer.
Silencio.
En verdad no puedo con él.
No lo entiendo.
Hace ya una vida de todo ello.
No lo recordaba.
Sin aviso mamá recibió la noticia, cáncer en el páncreas. En menos de tres meses se convirtió en un delgado ente. No quise, no pude pararme en el hospital. No quería verla llorar.
Me dejaba el celular en cualquier lugar, esperaba que así la noticia no me encontrara. No importó, lo único real era el miedo que imaginaba en ella. Soñaba casi todas las noches con la oscuridad de su sollozo.
Fue esa tarde de domingo cuando mi hermana me llamó y me dijo que mamá no pasaría de aquella noche. Al manejar de camino al hospital comencé a recordar la muerte de la abuela y el silencio de mi madre.
Sin poderla ver a los ojos le pregunté a Estela por mamá. Ella notó mi culpa, levantó mi rostro y con lágrimas en los ojos sólo me dijo:
— No importa, ya estás aquí.
Yo no entendí nada. Mamá nunca fue una persona de muchas palabras, tampoco mi hermana o yo. Me puso frente a su cuarto. Crucé el umbral y lo que encontré no fue mi miedo, sino la breve sonrisa y su mano tendida hacia mí. Al final no sé si fueron las drogas o la calma espiritual del reencuentro, el hecho es que mamá ya no llora.
Buscamos sexo en el diccionario,
después nos dedicamos a lamernos las palabras.
Cada letra como centímetro de piel.
Cada piel como un suspiro de alivio y de pena.
Cada pena como el intersticio de tus recuerdos.
Y tus recuerdos que brotan de nuestras piernas.
Caminamos, ¿lo recuerdas?
Recorrimos los caminos inverosímiles de las almas malditas.
Nos reímos de sus lamentos…
… para catalogar sus quejidos…
… para después hacernos caricaturas con ellas.
¿Quiénes? Me dijiste, pero sabías las respuestas.
Sus almas, y me viste con tus ojos
que se acostumbraron a ver el canto de los persas en los desiertos de Arabia,
o las huellas de las olas que lamían los pies a los profetas.
Fuiste el frenesí de la lengua.
Fuimos, corregiste.
Así la gramática entró a mi alma,
la risa a tu nada.
El Sonido que refluye por la gruta de tu rostro
si sonríes son torrentes,
si hay llanto entonces el valle lo [tolera y lo] resiente

… ¡Que si llueve!

El Nilo brotó de la comisura de tus labios,
y las sinfonías del lodo bendito
eran los tiempos plagados de mis silencios y de tus compases.

Las odas se agolparon brillantes en el iris de la mañana
rompen una tras otra en los flujos incesantes de tu persona…

Después dices que en el agua no hay redención,
te pregunto por la salinidad de tu memoria.
Y así truenan los zumbidos de los insectos,
del presagio del vendaval que inunda nuestras armas,
que pudre nuestra cosecha y satura nuestro stereo.

Pero la obra es larga y a la temporada la sucede otro ciclo,
así el rocío levanta el tedio de mi risa fingida
y sus gotas suaves de la hoja se pliegan al [promontorio]
mientras brota otro recuerdo, el río de tus piernas.

Entonces… te dedico una poesía
A ti, que fuiste tú, y después fuiste otra.

Creación y metafísica

Una de las principales preocupaciones contemporáneas del teatro es hacer del espectador un espectador activo, es decir, convertirlo a él mismo en actor. El deseo se podría expresar en una pregunta tal como “¿cómo hacer teatro que produzca actores?” Sin embargo, y a pesar de no presumir una jerarquía, creo que el problema radica en cómo hacer un teatro que haga creadores.
No se trata de sacar de la sombra al espectador. Una misión tal me parece una vana pretensión de ilustración. Tampoco su opuesto geométrico, ello representa una panacea.
Por ejemplo, podemos escuchar muchas cosas sobre Pagannini, sin embargo nadie de los presentes ha escuchado a Paganini. El motivo radica no en que Paganini hace mucho que murió. El sentido de tal imposibilidad estriba en que Paganini no dejó registro escrito (se convirtió así en una Isla afortunada) que nos sirva de fiel a su obrar. Por el contrario, en el despliegue de su virtuosismo (arethé), se encargó de que alguien más lo registrara a él, es decir, ya desde su tránsito por el mundo se encargo de rodearse de intérpretes. Memoradores que como Fitzgerald, Cortázar, o Kerouac, inmortalizaron a la persona del jazz en la finitud del obrar de los grandes jazzistas del siglo XX.
Lo que queremos explicar en este capitulo es lo que denominamos historiográficamente crack de la representación, la memoración del instante propicio que le da su palpitación y también su extenuación a Occidente. Por ello es indispensable entender qué es representación para poder justificar dentro de un estudio histórico de la hermenéutica la noción de crack como quiebre de los órdenes de sistemas o códigos que se disponían para la representación (1). Entre el evento significativo y el evento significante, se dirime actualizándose constantemente el ámbito de posibilidad categorial, el cual dictamina en cada actualización no sólo el uso de las cosas contiguas justo en el cómo se nombran. No podemos reducir la interpretación a la mera y banal analogía.
Más allá y apuntando a nuestro tema, se busca la empresa imposible del determinar la disposición de la representación y la emergencia de lo posible en tanto posibilidad de acontecimiento, pues el ámbito de posibilidad dictamina qué es real y qué es ficción, qué lo bello, lo horrible, lo monstruoso, a la par que también dictamina y dispone de aquello que es justo e injusto también. Por ello el ámbito de posibilidad categorial no se circunscribe únicamente al estrato de una arqueología del saber. Con el eufemismo de ámbito de posibilidad categorial planteamos un ejercicio de historiografía deconstrucctiva a la historia de la metafísica. El murmullo ciego de Foucault.
Lo esencial a nuestros fines es que estas asignaciones de valor son y están en el conformar, gestar y gestionar del mundo. [Pero esta triple categorización no hace sino remitir a la creación.]
Con la proposición crack de la representación es la disposición (disponibilidad) de la proposición la que se quiebra. El cómo, podrá observarse al contemplarse que sí una proposición posee sentido, es en relación a un trasfondo milenario, el ámbito de posibilidad categorial, que no sólo dota de coherencia a la proposición, sino que la coherencia misma, el sentido, es ya siempre acaeciente en el empleo práctico de técnicas sobre materiales específicos a de fin de transformarlos, aplicando en tal trasformación determinadas formas sobre materiales que de hecho ya están conformados de una u otra manera por el uso cotidiano. Se trata de la palabra que arrastra, la palpitación de las antiguas diosas milenarias que como la Orestiada de Esquilo, claman el resarcimiento de su voz. La forma se forma en la disolución de sí, el tiempo de la reproducción reefectuante ejecutada por Atenéa al reconvertir a las perras de la venganza en la Euménides.
Esto quiere decir que la forma proposición, la forma representación, o cualquier otro evento significante, aún antes de acontecer puntualmente, es ya siempre posible en el trasfondo de lo actual, que como actual predetermina cualquier práctica significativa o significante donde al actualizarse, se quiera encontrar necesidad. Esto es el trabajo de la mímesis.
En otros términos, esto significa que lo que es posible al imaginar, al pensar, al representar, o simplemente y para ser más generales, al producir (poiesis), es producible en función de un todo estructural-estructurante que sin embargo no posee existencia puntual(2). La escrituración del porvenir, LA LEY.
Intentamos pensar la palpitación y lo palpitable desde su propio evento, la depotenciación del acto en la reefectuación de la acción creativa. Es decir, el tránsito de la oralidad a la escritura(@). Esto encierra el problema del autor, pero por el momento pasaremos de largo en su presencia.
Lo que se imagina es posible ser imaginado pero porque ya siempre está habilitado desde la precedencia que la “cultura” otorga, o mejor dicho, dispone para con el producir. Sólo es posible imaginar aquello que se encuentra concebido por una sociedad al seno de su cultura. Por ello, y a pesar de que el acto creativo –y el ser acto es acto por ser actual– se presenta o aparece como un momento único, puntual, y sólo por ello individual, tal individualidad constituye sólo un polo estructural que se confunde con la realidad(3). Esto es el efecto más extraño a la escritura, su propio despliegue, la palpitación de su impulso. La temporalidad transversal que ejecuta y pliega y despliega los momentos pasados y futuros en la reefectuación puntal del presentificar que efectua el signo en sí mismo.
Para observar lo anterior en relación a los temas que nos atañen, tiene que contemplarse la posibilidad de que la puntualidad con que emerge cualquier cuestión investigada por el historiador por ejemplo, no está en oposición a la observación en tanto reposo de algo dado de antemano(4. Es decir, la escritura no está en el documento, sino que ella misma ha trasposicionado su poder sobredeterminando las estructuras de la memoria, reconvirtiendo el Mundo en un signo, una cosa.
Esta supuesta oposición que se presenta como puntualidad, es indispensable cuestionarla, pues la misma puntualidad con que emerge una cuestión para el historiador es desde un caso mucho más evidente, la puntualidad con que emerge lo pintable para el pintor, o lo observable ya en tanto pintura al espectador. Lo opuesto a la observación no yace o subyace en reposo como mero objeto. En tanto se entienda que la observación ya es antes que nada acción creativa, y no mera subjetividad, lo opuesto a tal acción creativa es la actualidad, que más allá de la puntualidad del emerger de algo, se proyecta justo como ámbito de posibilidad categorial. La relatividad es en relación a un punto de observación, el acto actual que hace posible el observar. Es decir, hay un trabajo de la forma que no podemos seguir despreciando en el provecho insaciable del rédito que otorga.
Lo más complicado hasta el momento sería determinar el momento de tal acto, la formación de la forma si se prefiere. Pero esto es poder reefectuar los mitos en la voz de lo político, la batalla por la reinstitución de la polis.
La proposición crack de la representación busca por tanto expresar el momento histórico en que el ámbito de posibilidad categorial, en tanto disposición de la representación, se quebró en el claro de sus actualizaciones posibles, es decir, en el medio de las prácticas representacionales. El problema historiográfico que esto representa estriba en que tal crack de la representación no es un momento histórico convencional y sometible por ello a la simple cronología. Por el contrario, el crack de la representación es un momento histórico estructural, que justo se juega en dos dimensiones simultaneas que se presentan como opuestos radicales. Para reducir términos, retornamos a las cuestiones de la imagen y la experiencia de tal, pues ellas son las dos dimensiones simultaneas que en tanto se insista en captarlas epistemológicamente como objeto y sujeto, no se podrá acceder al pensamiento histórico del ser, pues objeto y sujeto son representaciones que hacen posible emerja algo que de común llamamos realidad, sin que uno ni otro sean reales como tal, sino meras estructuras simultaneas de lo posible que hacen lo posible en el estrecho espacio – el ahí del Dasein – que los separa. Tal estrecho, fundante del objeto y del sujeto, de la imagen y de la experiencia de ésta, es como tal el ser de lo que se presenta, lo representado en la representación, eso que a finales del siglo XIX fue denominado como impresión, la cuál acontece al seno de la acción creativa o prácticas representacionales. Es decir, el papel del signo, su regimen existencial.
Por tanto, cuando nos refiramos a la conciencia, sujeto, mente, psique, o alma en el curso de las meditaciones, no referiremos otra cosa sino la práctica imaginación, es decir el imaginar de la imagen, el producirla, el hacerla, el poetizar de la poiesis. La determinación puntual o individual si se prefiere de cada término, sería ya propiamente en la cartografía a la economía de los discursos de un nivel estratigráfico en una arqueología del saber.


(1) Para entender históricamente la proposición y lo que tal implica, es fundamental entenderla más que como crítica, cómo reelaboración histórica–historiográficas al problema del extraño agente en Foucault, y a los de la inevitabilidad de la periodización y conformación de un periodo de ruptura en la asignación de sentido histórico al pasado por parte de cualquier investigación histórica, ambas cuestiones trabajadas por Fredric Jameson.
La complejidad de la propuesta de ambos autores radica en que no sólo trabajan cuestiones teóricas y filosóficas de la representación historiográfica, pues sus consideraciones son simultaneas a problemas históricos como tal, sin embargo sin ser disociables la una de otra pues la ya simple problematización por el significado histórico no cuestiona únicamente la linealidad de un supuesto proceso histórico autónomo a la observación de éste por el historiador. Las propuestas de Foucault y de Jameson, al cuestionar la simple dicotomía entre “Historia” como devenir e “historia” como conocimiento de este devenir, se ubican ya en el más allá del bien y el mal buscado por Nietzsche, y que por Heidegger cabe llamar como pensamiento histórico del ser. Estos son los motivos que obligaran en lo sucesivo la complejización de la meditación. Esperamos que los dioses nos sean propicios y nos conduzcan a la altura de las circunstancias, aun cuando todo sea no más que la banalidad de nuestro intento.
(2) Aquí se podría hablar de existencia material, pero como ya dijimos, el material es el “en” de la técnica, es decir, es el lugar donde se ejerce una práctica. No hay tal cosa como materia prima, o encontrada a la inercia de su propia estupidez. ¿Dónde acontece ésta? La materia tiene un papel fundamental pero como espacialidad del producir, es su donde. Por ello lo puntual, es lo que aparece a la vista, lo empírico si se prefiere, pero que se presenta como evento puntual en función de la coherencia actual que pueda tener. Lo puntual de lo material como espacialización presente, es justo por ser presente, ya observable. Con ello se evidencia que por detrás de tal especialización sucede una temporalización que es ocultada por su propia especialización. Por este motivo, la realidad no reside en algo así como las condiciones materiales de la producción, a menos que se entienda por condición material de la producción la propia disposición de la representación. Lo material es elemento esencial del producir, de la poiesis, pero la realidad como tal es el curso de acciones que asignan significado a otra acciones, produciendo y reproduciendo sentido, la reefectuación del Mundo.
(3) ¿Por qué? Por la misma disposición de la representación que se quiebra para finales del siglo XIX, pues la disposición quebrada tiene sus puntos originarios en todo aquel momento o acontecimiento histórico puntual donde se quiera el origen de aquello que denominamos Modernidad. Cfr. Fredric Jameson, Las semillas del tiempo, trad. Antonio Gómez Ramos, Madrid, Trotta, 2000, p. 92-93.
(4) La eterna diferencia que realiza la teoría de la historia entre hecho y acontecimiento, Historia como gesta e historia como conocimiento, no es sino una hipótesis poderosísima que expresa el carácter estructural del “conocimiento histórico”. El problema deviene de olvidar tal carácter estructural de la hipótesis y el adjudicarle inmediatamente después el status de la realidad. La realidad ya es una instancia historiográfica, el efecto de su discurso. La historiografía por tanto es la reefectuación de lo real de la realidad, es decir, la ficcionalización del Mundo.
Debe poderse contemplar que la diferencia entre Historia e historia depende a su vez de la diferencia cartesiana entre res extensa y res cogitans. En tanto se insista en tal dicotomía y no se quiera ver la radicalidad originalidad del fenómeno Mundo, es decir su carácter de contenido y contingente de todo lo existente, no podrá observarse la retroactividad de la significación actualizante, y se insistirá por tanto en encontrar un pasado en sí. Cfr. Michel de Certeau y Jaques LeGoff.
(@)Los siguientes momentos de esta historia de la técnica dispociocional de Occidente, estaría cifrado en la tipologización de la escritura y despues en su reconversión reefectuante en tanto digitalidad. La era del internet.

La condena de una sombra. El papel del espectador dentro de la representación escénica.

El artista observa una escena, contempla una realidad que ya se presenta como espectáculo. Si no, ¿para qué prestarle atención de principio? Como con la perfección que causa asombro y exige estudiar al ente natural del Darwin naturalista (1), el artista también encuentra un valor esencial ahí en la realidad: tal cosa es lo que toma por lo representable. Así, lo digno de ser representado, es un valor evidente de suyo, o al menos así podría pensarse, pues después de revisar cualquier historia de la pintura, podríamos descubrir que ese valor evidente de suyo, llámesele belleza si se quiere, cambia de época a época, de corriente artística a corriente artística. (2)
Luego, sería fácil llegar a la conclusión de que la belleza no es eterna, sino por el contrario, un valor histórico que nunca permanece estable. Sin embargo, tal juicio no excluye la posibilidad de que más allá de los valores temporales que valorizan lo bello, tal valorización de la belleza sea una constante, un eterno retorno de lo mismo.
No debe escapar a la reflexión que en tal proceso, al ser la valorización una constante, se coloca de nuevo y al final lo más allá de lo existente para apreciar lo existente mismo. Queremos pensar que está estabilidad que finca la trascendencia es el juego fijador (obsesivo) de la escritura. Pensemos entonces en la imagen de ella, la grafía. Desde ella tendríamos que retornar a la historicidad de la belleza.
Resultará un poco extraño y más desde la necesidad de distinguir actualmente una cosa de otra, pero la imagen, lo que se presenta a la observación y luego la misma experiencia de ella, justo el valorizar de la imagen, son dos procesos ajenos y puntuales que sin embargo son indisociables uno del otro. La imagen no es lo representado en un cuadro; por ende la “experiencia” de aquella tampoco es el enfrentarse a la pasiva exposición de un objeto que en reposo se ofrece a la mirada de un espectador. Ojo, pues él no es ningún idiota.
Pensemos entonces el vértice donde imagen y experiencia al fusionarse, crean la fuerza. Tanto una como la otra, imagen y experiencia de ella, se reúnen en un sólo momento: la impresión. Aquí está el momento de la grafía.
En el dilema entre imagen y experiencia, muy bien se podría interrogar por el ser de aquello que como imagen o como experiencia se presenta, ya que tal como se planteó la cuestión –desde el cuadro –, no se puede distinguir exactamente si nos referimos al mundo del pintor o al mundo del espectador(3). Si se acepta que la imagen no es lo representado, lo representado no debe ser como tal igualado a lo visible en el cuadro, porque lo representado aparece al pintor como lo representable. [Otro modo de expresar esta condición sería decir que lo que alguien escribe no es lo que el otro lee.] Está estructura presenta la misma relación acontecida en el caso del espectador, su experiencia y el cuadro que le sale al paso, pues cada momento de este sistema posee un contenido que ya se encuentra proyectado significativamente en un mundo, mundo que a su vez es ya siempre contenido por cada uno de los mismos eventos del sistema. La relación entre lo representado y lo representable es por tanto la de ser un evento significativo, que por ser significativo lo representable requiere de una interpretación, de una significación, pero apareciendo como representable y por raro que parezca, sólo después de haber aparecido ya representado (4).
La extrañeza, con la que buscamos la transversión de la lógica de la presencia y el maravillismo del experimentarla, tiene aquí por origen la tendencia del pensar a querer entender la imagen o a la experiencia de algo como procesos autónomos, naturales o empíricos que simplemente son descubiertos y ofertados después a la opinión pública (5). Requerimos destruir la lógica de la presencia. De aquí vamos a referir ya una crítica al buen Aristóteles, el sentido de la creación teatral no es la representación de acciones, sino el despliegue (vaginal) de actos desde el seno de la propia representación: la palpitación, el núcleo original dónde se comunan el evento significante y el evento significativo.
La imagen y la experiencia de ella no son momentos que posean ya en sí lo indispensable para ser estudiados, comprendidos o historiados, pues tanto la imagen de algo como la experiencia de ella, son momentos estructurales, eventos significativos que requieren de significación. Incluso, sólo en dicho vértice, es que contamos con la potencia de poderlos ubicar, determinar con el nombre, la definición o el concepto.
El sentido posee dos momentos que vienen dotados por un circulo hermenéutico, que, haciendo advenir significación sobre algo, retrotrae ese algo significativo a la existencia actual, presentándolo ahí a la observación y disponiéndolo para ser comprendido y sometido a patrones cronológicos ya pre-dispuestos, eso que ingenuamente denominamos experiencia. La experiencia ya siempre sería concepto.
Tal círculo hermenéutico, que así proporciona sentido a lo significativo, es lo opuesto al evento significativo a pesar de ir en ello. Por ello finalmente, el círculo hermenéutico es el ser la relación entre lo representable y la representación efectiva. ¿A qué le pertenece tal ser? La explicación habrá que darla a su tiempo, por ahora solo se puede decir así: a la poesía.
El circulo dispone en tal relación de un pasado ya presupuesto como lo representado, que se presenta en tanto observación como momento puntual –sólo estructural y sólo así simultaneo en cada evento sincrónico si se prefiere.
Para poder entender esto, produciendo así la justificación necesaria para poder observar la dimensión histórico-narrativa de las cuestiones aquí tratadas, es indispensable entender al evento significativo y al evento significante a la luz del proceso creativo, proceso que sin dejar de ser un círculo hermenéutico, tiene el extra de no presentarse o acontecer como un mero proceso simbólico, ya que el proceso creativo o imaginación, no es simplemente la psique del creador que imagina algo en el teatro de su mente. El ipse es político.
El proceso creativo posee además el beneficio de ser idéntico al proceso productivo. La luz del posible entender esto no está, sino que proviene haciendo presente algo que como suceso puntual acaecido “reposa” (palpita) o se ofrece en tanto pasado aguardando siempre significación actual. La realización de este proceso –realidad – , es lo que se entiende por actualización, es decir, poner al tiempo. Tal poner al tiempo es el juego de la interpretación. El mismo que lleva a cabo un actor. Actuar es actualizar la totalidad temporal de la poiesis. Proyectarla desde la palpitación de su acto, reefectuando el sentido como despeje del claro escénico.
Hagamos descender estas consideraciones acordes al juego de la representación teatral. ¿Quién es el intérprete en una obra? ¿El actor ejecuta un papel, representa un papel, o interpreta un papel? Partamos de esta proposición, el actor no deja de ser espectador. Claro, su posición es privilegiada. Tal privilegio, para matizarlo, cabe hacerlo descender al plano del público, pues el también es un espectador. Sin embargo, ya siempre creemos que el espectar en tanto público permanece pasivo en tanto el actor entra y sale de la escena. Si concebimos que el actor también interpreta un papel, su interpretación, contrapuesta a la del espectador, sería activa en tanto la del espectador sería pasiva o se encuentra en potencia. De hecho, ingenuamente lo podemos expresar así, el actor ejecuta un papel, en tanto que el espectador interpreta esa ejecución. Así, de la diferencia entre ejecutar, representar o interpretar, llegamos a una jerarquía, donde no habría porqué sorprendernos, pero encontraremos en la cima a la creación misma. Pero en dicho camino, ella es la excepcionalidad. Así llegaríamos de nuevo a la religión del arte en el peor de los sesgos a la interpretación, su negatividad.
Nada más ordinario que la poesía o el amor. El inicio de la destrucción de la lógica comienza al concebir que la actualidad de la interpretación del actor así como la técnica interpretativa del espectador son una simultaneidad aun cuando acontezcan en momentos puntuales disociados. Ahora, en esta simultaneidad de momentos disociados, se requiere contemplar que creación, ejecución, representación e interpretación no son fenómenos jerárquicos, mucho menos acaecientes de modo cronológico. Requeriremos reconducir nuestra comprensión de dichos fenómenos a la instancia de la re-efectuación del sentido.
En tal posición, la belleza ya es, o resultaría por derecho propio, en una categoría historiográfica. La auto-poiesis de su legalidad o su despotismo. De su elegancia.


(1) Nuestras nociones estéticas, una vez naturalizadas, terminan por colocar lo maravilloso de la belleza como un a priori que faculta la clasificación de lo existente. Sin embargo, reconstruyendo el caso del evolucionismo darwinista, lo sorprendente no sería lo experimentado sino el experimentar de Darwin y su mundo en esa maravillosa distribución de las especies observada mediante la variabilidad morfologíca. Su logro estriba en colocar su perspectiva como la realidad. Ambas instancias, la distribución de las especies y la sorpresa que ello causa como cuestiones unificadas, se representan en términos de la correlación existente entre ellas, es decir la adaptación de las especies a sus condiciones de vida. Lo primero está en disociar está unión y reconducir la ontología de lo sorprendente o lo maravilloso, así como su epistemología de la sorpresa hacia su pre-disposición y construcción historiográfica, problema que abordo en el ensayo “Más allá del vitalismo: El pensar de la vida de Charles Darwin y Friedrich Nietzsche.”
(2) Para contrapuntear esto, cfr. La noción de crimen en Dostoyevsky, la tesis de Crimen y castigo, y la aporía eje de Los hermanos Karamazov, en especial la escena de la entrevista en la celda del starets Zósimo.
(3) No hay que confundir el mundo con la conciencia. La dificultad estriba en mantener la unidad del mundo que comparten pintor y espectador más allá del abismo temporal una vez se cuestionan las dataciones cronológicas implícitas de aquello que nos salé al paso. No sé trata de buscar u obtener la certeza una vez deconstruidas las pautas cronológicas de la experiencia estética. Se trata de percatarse de que ese mundo no es una presuposición que requiere demostración, sino que el mundo es ya desde siempre eso que se está en la relación práctica con el algo que se me ofrece a la experiencia del existir.
(4) Sobre la retroactividad de la significación solo advenida desde su futuro aparecer hay que tomar en cuenta que tal futuro es ya siempre el presente en el que se representa algo como algo. Cfr. Slavoj Žižiec y su noción de síntoma. Incluso la extrañeza, lo que parece carece de significado o sentido ya lo posee en tanto aparece justo como extraño. Pero de aquí es fundamental preguntar cómo es que puede poseer sentido incluso sin tenerlo. La respuesta es que no lo posee en sí, sino que le es adjudicado por su propio futuro, su próximo aparecer en relación a algo más.
(5) No se olvide además que tanto imagen como experiencia pueden como tal ya ser algo

Creación escénica

Vivir o morir, no son, no están, no habitan. Son fantasmas del instante puntual, del imperio de la presencia. Buscamos algo más que logre… pero no la trascendencia. Es anterior, es interior, es la convocación de aquellos que darán cuenta de los actos acontecidos en un tiempo que es no-ser. ¿Existe un punto dónde preguntar por la creación, la escena, no sea preguntar por la tragedia?
El lugar común nos indica que no, de hecho, con suponer de facto una ingerencia inevitable de la tragedia para con el tema de la creación escénica, de facto no hacemos sino mantener el régimen de dominio categorial que lo griego nos ha “legado” en tanto núcleo de la cultura Occidental, ese murmullo ciego, cargado de premonisiones, promesas, advertencias y amonestaciones a eventos que siquiera podremos imaginar. Sin embargo no se trata de romper con lo griego, requiero trasponer lo griego. Con ello espero verlo, verte y vertirme a la luz de otro origen, de otro punto focal que permita el despliegue de otra represtación. Tal vez seas o estés tú.
Nuestros problemas con los griegos inician desde que perdimos la capacidad de decir nosotros, e incluso peor, de nombrar el nombre en el arrobo del poeta. ¿Nos condenándonos a la liberalidad de la conciencia? No podemos revivir a un muerto, pero sí colocarle su nombre a un vástago. Tal vez nunca llegue a ser, tal vez lo condenemos a la muerte de su vocación. Tal vez le otorguemos un destino, pero el problema no es ese, sino ¿cómo reavivar el coro, cómo darle papel al que puede decir “nosostros” no sólo dentro de la creación teatral, sino ya en el objeto y realidad última de la creación trágica misma: la polis, la comunidad? ¿Cómo hallar de nuevo en tal juego el poder tu persona?
Transponer el horizonte de lo griego no significa salir de él, sino asumir la sombra que ya Platón negó para la posteridad. Sin embargo, hemos de comprender que no requerimos refutarlo. No me hace falta.

Uno

No sé, lo sabes bien debí preverlo, debí estar ahí estoy aquí, desde entonces los acontecimientos se han precipitado, no lo vi morir, yo no estuve. Esa noche algo se rompió, desde aquel día al intentar dar la vuelta, las páginas blancas no marcaron ya ningún acontecimiento.
Lo conocía, o creía conocerlo, en pocas ocasiones abrió su corazón mostrándome su dolor. Intenté tocarlo, pero creo existía una tensa y desesperada convivencia. Su voz aun retumba en mi oído, es como si con su muerte vaticinara mi propio fin. No sé, en un sentido no necesitaba abrir ningún pretendido espacio interno, eso no acecha en el alma. Está entre nosotros, hacemos nuestras vidas en eso. Su rostro, a pesar de esos momentos de camaradería, anunciaba el destino que tiempo atrás la época le deparó.
Años antes le dije a X que en algún momento él decidiría terminar con su vida. En la noche de aquel día, en los velatorios de San Fernando, me dijo:
— No te engañes, lo sabes bien. Sabes bien qué pasó.
Y por lo menos eso lo sé. No importa realmente qué pasó, vivía queriendo morir. Había en él un fardo que le costaba trabajo soportar. Suena cursi, lo sé, pero sólo fue otro mártir oscuro solo, soy yo que no conoce ninguna predicación. Vivió en una era carente de santos, donde nuestras hagiografías son dedicadas modelar vidas de ricos y poderosos. Entra a una librería y lo veras, en las estanterías se multiplican los títulos sobre las vidas de hombres respetables, sobre cómo hacer nuestras vidas más normales o más exitosas. Vivió una época que dedica sus elegías a los perfectos cerdos, a los notables hijos de puta.
Pero aun así sé, no me puedo calmar aun camino entre nosotros. Pasó que su tragedia a mi modo la hice mía; para sobrevivir te quisiera contar su historia. Sí, un hedor inmenso, con su tufo, apesta estas líneas. Pero lo siento, y más que nada por mí, se trata de un exorcismo de mí que tengo que realizar. No sé, quisiera poderme callar y que fuera él el que te hablara, lleva ya un año pudriéndose. Media tonelada de tierra y una gruesa placa de concreto lo separan pero me separan... de la tierra. Su historia la hice mía y sólo te puedo hablar de mi experiencia. No sé, en todo caso la muerte soy yo por que el muerto soy yo, son sus lamentos los que me acechan, ¿eso es escuchar?, sus lágrimas remojan mi ataúd, caían en el cristal y empañaban mis párpados. ¡No me permiten descansar! ¡Chinga, ni en la muerte puede estar uno en paz! Ojalá en algún momento descubrieran que los muertos son ellos, ustedes. Habitamos un féretro y con cosméticos cubrimos nuestra putrefacción, ojalá pudieran descubrir que sólo estoy aquí Ojalá pudieras ver no existe alma, reposo plácido en el cielo de compasión, ni agobio por los fuegos eternos del castigo sin redención. Simplemente son los fuegos de nuestros artificios, de nuestras tecnologías. No sé, ojalá pudieran ver que no pasó nada, que son sus llantos los que me permiten seguir pensando en cosas que jamás les podré decir. Que si existe algo llamado conciencia, ella reposa en las etiquetas que de día a día, y aun a mi muerte, colocaron sobre mi nombre, colocamos con el nombre. Son sólo tus recuerdos los que me permiten seguir pensando en ti…
Tal vez ese sea el castigo, el motivo de por qué sigo aquí. Alguien más tecleará las palabras que de mi quisieras escuchar, esperando llegar al dichoso punto final que clausure mi estancia en el mundo. Pero no se trata más que de ilusiones, fanstamagorias mediante las cuales atribuyo identidad a alguien más. Sí, claro, a pesar de eso, a pesar de que llegará el momento en que él se canse de escribir, yo existo.
¡Alguien más! ¡Siempre hay alguien más que me supone aquí!, suponiéndome habitando las hojas que alguien más, quizás tú, entre tus manos y frente a tus ojos, sostienes, sostendrías, la consistencia de algo de no-ser, toda una ilusión, una pura ilusión. Estoy aquí, he decido verterme al tipo, me sostienes, entonces te preguntas qué hay en mí, “¿quién fui yo?” dirás. Pues bien, es un hecho: ¡¡¡Yo no está aquí!!!
Su historia la hago la mía, espero sea esto el testimonio que de cuenta al futuro del tipo de hijos que mi época dio a luz. Sobrevivir, sobrevivir, no yo, alguien más, alguien que cante mi canción. Espero las siguientes páginas expliquen el sentido de mi paso por el mundo, espero los que me sobrevivan y lean este manuscrito entiendan los motivos que me han convencido de la decisión que he tomado... en mi. Son sólo tus recuerdos los que me permiten seguir imaginando los momentos que junto a ti no viviré... nunca he sabido qué hacer, y sin poderme reconocer en lo que he hecho, decido enfrentarme a los hechos de los últimos años de mi vida, su muerte me ha dado ánimo de desistir. Es temprano, acaba de amanecer, tengo suficiente tiempo para escribir antes de realizar mi palabra, esta es la meta final, responder una sola pregunta.

jueves, 22 de abril de 2010

Mareo o la rebelión de la musa.

La náusea desciende desde mi garganta hasta mis dedos
Llega a tu piel y recorre cada recoveco hasta abarcar tu propio nombre.
Lo palpé, ahora era mi intestino.
La náusea viene de tu nombre e ingresa por mis oídos.
Insufla el vértigo hasta que…
¿Cómo le pides a un marino permanecer en puerto?
¿No contemplas, la condené a permanecer como ballena?

Varado en tu auxilio.
Así invoqué tres veces tu nombre hasta que desapareciste del horizonte
cual fantasma de lo ajeno.
Mucho ah que perdí cualquier noción de justicia.
Hace mucho que no recordé lo que era,
la ironía de mi nombre, Tierra.

Insistencia

¡No!,
ni la gloria o el castigo, pena, ni redención.
Ni la angustia reunida cada domingo
alrededor de los girones de tu piel .

¡Tu alma no gravita recónditas cavernas de tristeza o desesperación!
¡No es tu sombra la que abruma al viajero!

Y te digo que no
Ya no existe la casa o la capilla
Ni el rascacielos presuntuoso de la avenida,
ni la voz del ataúd que clama por nombrar lo último.

Y te digo que no.
ni gracia, ni pena, ni dolor o auxilio.
No hay sonrisa de la tarde metalizada por el grito,
por la desolación de tu aullido.

Y te digo que no,
que ya nada queda.
Ni palabra ni reseña,
ni suicida existencia en un lugar donde no hay dolor ni alegría

Y te digo que no.
La negación depotenciada,
solo quedo con el hálito de tu voz,
cimbrante del tedio de tu armonía,
ya perdido mi tiempo en tus palabras vacías



Consumo tu pena sin misericordia por tus deudos




Te despediste aquél domingo
Diciéndote “¿Qué es de mí?”
Sin percatarte siquiera de la promesa,
que se cernía sobre la extraña sonrisa
…la imagen depuesta de tu memoria…
Al arengar de las horas, olvidaste el destino que la palabra te evocaba.

Sórdida. Sórdida y cándida era la razón,
aullaba sola en el tedio de tu hoz al momento de tu muerte.
“Yo era, la palabra y la vida.
A la luz de la palabra estaba, ahí era Yo.
Y donde era Yo en camino estaba ella”
Pero la verdad con Ella cegaste la viña.

¡Dijiste “Soledad” y el sol se consumió al ocaso de tus palabras muertas!

Entonces el temblor del tiempo cesó,
era radiografiada y la luna te espera
Dijiste “Adiós” con la rata encima de tus piernas.
Como mancha de grasa,
quedó sólo la reverberancia de tu ausencia.

El silencio del pensar

De mantener una identidad entre el pensar del pensamiento y lo pensado por el pensar del pensamiento, estaríamos sosteniendo algo que al momento aparece como insostenible en términos del acontecer de aquello que se pone para ser pensado.
Para poder palpar aquello que se pone al pensamiento, lo patente, cabría sentir aquello que constituye la diferencia específica entre el pensamiento y lo pensado por el pensamiento.
Por ejemplo, si yo hablo del silencio, con toda propiedad podría preguntar qué es el silencio. Si ninguna respuesta acontece, ¿podría decir que efectivamente estoy pensando el silencio? Muy bien alguien podría señalar la impropiedad absoluta de pensar al silencio, pero de facto tendríamos que decir que aquello que no puede ser pensado no puede ser señalado. A tal efecto, la misma palabra “silencio” ya es una señal que dirige hacia aquello que requiere ser pensado bajo tal representación.
Con esta señal podemos descubrir una condición del pensamiento, sin la cual el pensamiento simplemente no es. La palabra como señal es el dispositivo mediante el cual al pensar puede efectivamente acontecerle pensar aquello señalado por el dispositivo.
Si la palabra cual vehiculo habilita al pensar de cualquier cosa referida por la palabra, tal referir de la palabra está determinado por el sentido que la disposición del dispositivo imprime o marca a esa palabra.
Desde tal posibilidad cabe pensar que las palabras no sólo se tienden desde campos semánticos que reúnen palabras con palabras, pues estos campos semánticos se encuentran ya siempre arados en una disposición específica que posibilita o imposibilita que la palabra acontezca en un sentido o en otro. Un tercer camino que por simples prejuicios no deberíamos despreciar, se constituye por la posibilidad de que el sentido simplemente no acontezca, o que incluso y nombrándolo en términos positivos, acontezca como la ausencia de sentido: estar en la idea pensada, no por nosotros, sino por aquel que la pensó y nos la comunicó. Nos hizo uno consigo.

Mito y subjetividad

El dejarse arrastrar por las palabras es el estatuto que el mito otorga al oyente de éste.
Sócrates en el Cratilo: “Lo mismo que ellos componían una pintura con el arte pictórica, así nosotros un discurso con el arte onomástica, retórica o como quiera que sea. O mejor dicho, nosotros no (me he dejado arrastrar por las palabras), pues ya los antiguos lo compusieron tal como ahora subsiste.” (1)
Desde el mito no es posible poseer siquiera la palabra, pues tanto ésta, así como lo pensado por ella, son parte del movimiento mismo de aquel mundo donde lo humano simplemente acontece como instrumento de dicha violencia –los dioses, el destino –, o en el mejor de los casos, como simple espectador sin posibilidad de determinar la representación.
Para entender dicho movimiento es necesario situarse en el influjo de la palabra mítica y permitirse el ser arrastrado por la violencia de tal movimiento. A esto mismo cabría llamarlo verdad.
Piénsese por ejemplo en la fuerza que posee la tormenta, donde lo humano nada puede hacer para enfrentarse, o en la intemperancia del rayo, totalmente imprevisible e inconmensurable para el saber del que se deja arrastrar por el mito.
De poderse colocar el pensar en tal posición, cabria poner en duda seriamente la propiedad de la palabra para poder expresar la inconmensurabilidad de aquello que es en sí lo divino. Titánico sería el esfuerzo de poder imponer la voluntad humana al Olimpo… y sin embargo se hizo.
Así, poder y posesión del mismo, son las dos instancias que pueden guiarnos en la apertura a la disposición del pensamiento. De tal modo para no dejarse arrastrar por las palabras, para poseerlas, continua Sócrates: “Nuestra obligación, si es que vamos a saber analizarlo todo conforme a la técnica, es trazar estas distinciones y ver si los nombres primarios y los secundarios siguen estas normas o no” (2)
¿En qué consisten tales distinciones?, ¿éstas son los dispositivos que hoy se señalan en cada instancia de las prácticas humanas? ¿Cuál es el papel de la técnica en todo ello? ¿La posesión técnica es la previsibilidad que otorga y se exige a la par a la ciencia? De ser esto así, el rigor de la investigación es el mismo que el de la poesía, el dominio del habla en tanto escritura de la razón o la verdad. La palpitación del signo por conferirle propiedad al ente, por conferirle posesión al sujeto, el poder ser su propia subjetividad.

Intempestivo que está fuera de tiempo y razón
Intemperie la destemplanza o desigualdad del tiempo
Intemperancia cualidad de intemperado
Intemperado, inmoderado, excesivo.
El temple

(1) Platón, Cratilo, 425 a.
(2) Ibidem, p. 425 b.

miércoles, 21 de abril de 2010

ipses de ave

Te vi y renuncie a tu sonrisa nevadora antes de mirar tu rostro.
Me viste y renunciaste antes de encontrarte en el iris reflexo de tus alas.
Sabíamos que el amor era insignificante, sabíamos que habitaríamos el no del otro.
Los vacíos temporales carentes de destino, de sentido, de tus voces y las mías,
eran el deleite donde las reflexiones se detenían al tres por cuatro.
Era de buscar proporciones a aquello que nada tenía que ver con tus cálculos o mis obsesiones.
Sólo eran nuestras prácticas de vuelo. ¿Sabes?
Eran los signos inexistentes y las insistencias en los nombres de los cuerpos aves,
eran las lágrimas sorpresa de seres que ahora yacen en el lodo,
junto con nuestras ropas celestes del verano anterior.
Ahora como girones de la gloria y banal de la luna,
eran los ecos hermanados en la cadena de instantes,
los silencios de nuestros labios, de nuestras bocas en sus ipses estelares.
¿Cuántas veces nos negamos el afán de perder nuestras miradas?
¿Cuántas veces aguardamos al sol tenebroso de no abrir los brazos y por ello no cerramos los ojos?
¿Cuántas veces no quisimos escapar de los laberintos de nuestros sueños y nuestros delirios?
¿Era sólo para no perdernos en nosotros de nosotros mismos?
Las plantas que cobijarían nuestros actos se sonrojaron de mis torpezas y tus fastidios,
éramos la inercia de los vientos en el intento de sostener nuestras mentes
y no copiar en ellas las páginas de antiguos bestiarios medievales.

Túmulo

Enterramos nuestras almas en la arena,
de modo que nadie las perturbara.
Después emprendimos cada uno en dirección contraria

Era la secreta esperanza de desconocernos,
de cruzar los mismos estrechos
y permanecer ciegos a nuestras errancias.

Al paso del tiempo lo que dije se lo dije al aire,
Lo que oíste retumbó directo del suelo.
Fuimos el mundo que palpitaba ausente para el otro que un día era.

Sólo masticábamos granos en nuestras muelas.

¿Y qué?

¿Y qué?, ¿debería sentirme mejor al saber que no soy el único que sufre al mirar al fondo de tus ojos? Es como si te perdiera mil veces, claro, cada una es más normal que la anterior. Pero incluso así, tu mirar me atañe como un sueño que no recuerdo soñar. Cada vez más terrible y más premonitorio. Entonces lo siento, pues a veces me pierdo y no atiendo al amor que habita en tus palabras y en tus instantes.

Matador

Cuando el filósofo se dispone a pensar, su labor es la de un explorador antes que la de un comerciante. Es lo que media entre un carnicero y un matador. Claro ambas sangrientas e incluso conscientemente violentas, pero en el preguntar que tantea, más que de un método, se trata de una danza.
La pregunta tienta e intenta el precipicio, aguarda, falla, rasga y se exaspera. Vuelve a intentar y entonces encuentra el algo. ¿La respuesta? A pesar de participar en la danza, el retumbar del coso abruma al matador, pues tal vez la ovación sea para que el que ahora convirtiera su sangre en el grotesco espectáculo del saber algo, por más mínimo que esto sea. Un tesoro arrancado del regazo de la vida.

martes, 20 de abril de 2010

Asignación, designación, siempre y destino.

El absurdo no se disuelve. Él depende más bien del evidenciarse del carácter representacional de aquello que al realizar lo asumido en términos de coherencia o pertienencia, lo “verdadero”, de súbito se devela como relativo a X, pertinente en los casos X y Y, o excluido en las ocasiones Z. Tal evidenciarse de la relatividad de lo “absoluto” nunca refiere un proceso lógico. Antes señala algo eminentemente histórico y poseedor de una innegable y la mayor de las veces impresionante –incluso terrorífica – dimensión plástica. Diría Deleuze que se trata de un efecto de superficie.
El acontecer del absurdo es simplemente el choque de dos series causales que producen algo que no posee la misma lógica representacional de ninguna de las dos series que lo causaron, inaugurando en ello y a pesar de los parecidos, una nueva dimensión estética. Diluir el absurdo implicaría –más allá de lo insensato y sin embargo tan común en el negocio de la historia –, el erradicar del registro histórico-arqueológico el acontecer del sinsentido acaecido; o incluso y más peligroso aun, conlleva la inserción de remisión del sinsentido en términos de una justificación teleológica e incluso escatológica. (En medio de la empresa platónica de sometimiento a la memoria, la poesía y el mito, en el ocaso de la tragedia y la emergencia de la filosofía crítica, ¿es aquí donde tienen su pertinencia discursiva-real las mitologías de Platón?)
El acontecer del absurdo y la significación de sí en términos poéticos, no pone a prueba nuestra fe o nuestras creencias en tanto acciones efectivas. Tampoco prueba o demuestra la separación de la mente y el cuerpo o cualquier otra dicotomía que acuda a nuestro pensar. El absurdo, antes, al ser un evento, se eventua de un modo peculiar, justo el de la contradicción, la paradoja, el sinsentido, la ironía; o en términos más existenciales, en las metáforas del tiempo perdido, la pérdida de la fe y la enunciación de las palabras inútiles.
De hecho, el absurdo en cualquiera de sus formas, posee una función esencial en el pensar, y con él, su utilidad básica como práctica representacional que persigue la creación, la poiesis, pues eso verdadero que se toma como punto estático-referencial para cuantificar el movimiento de algo en términos de temporalidad, aparece no como punto referencial sino como valor universal por el efecto positivo de lo absurdo. Aquí lo horizontal se torna vertical.
Ahora bien, una cosa es el denunciar el carácter de punto referencial de lo tomado por verdadero en sí, y otra el llevar eso verdadero a su actuación efectiva dentro de la interpretación de un evento significativo con respecto a un evento significante. Más allá incluso de esta actuación de lo verdadero, está la actualidad misma de lo verdadero, que como tal es el mismo movimiento del ámbito de posibilidad categorial. La intersección dinámica y topológica de los dos planos, la verticalidad-poder de la verdad y la horizontalidad de la dimensión plástica.
Dicho movimiento es propiamente lo que hemos tratado de historiar con los riesgos, deficiencias y experimentaciones que tal historia requiere para ser por un momento –y sólo por un momento – aprehensible en términos que reporte expresividad para un lector. La poesía por ser lo más cercano de lo más lejano –el mito –, está demasiado acostumbrada a esos juegos trascendentales de verticalización del sentido; incluso mejor que la filosofía.(1) Nosotros, aun pretendiendo movernos en ambos ámbitos de pensamiento, hemos de convertir el espejo de la reflexión en una habitación donde queremos refractar el sonido de las palabras una vez ellas se encuentran invertidas, – o transvertidas, mejor dicho. Nos referimos metodológicamente al arte de invertir las perspectivas.
De este modo el evento significativo y el evento significante se presentan mutuamente (simultáneamente) en la coyuntura del acaecimiento de la voz sígnica. Primero como el advenir del eventuarse designador de sentido (signo efectivo) que es el evento significativo por sobre el evento significante, y segundo pero no distinto o disociable, como retrotraimiento del eventuarse asignador del nombre que es el evento significante para con el evento significativo. Tal fenómeno sólo puede expresarse comprensiblemente en los términos del siempre y en la determinación de aquello que llamamos destino.
Es en el juego especular del proceso total de la significación –totalidad siempre actual y actualizante –, donde podremos observar el momento puntual de la signación. Claro que esto será empeñar al máximo la palabra, pues en tal riesgo esperamos obtener un rédito que nos conduzca a poder inteligir la esencia de los acontecimientos de asignación y designación a los que es sometido el acontecimiento en términos historiográficos.
Tal paso, aun cuando presenta riesgos enormes, es el tránsito esencial para poder inteligir por un lado el cómo de la adjudicación de sentido en tanto existir de lo existente a aquello que es significativo, aquello sometido ya siempre a valoración poética e historiográfica.
El otro lado, lo que nos somete y nos compromete aun más con la historicidad, reposa en última instancia en la adjudicación o intelección de sentido por parte de aquel que procede a receptar e interceptar una representación que lo interpela. En dirección a tal proceso, que ya de lleno nos lleva en la dirección de la transferencia y de los cursos topológicos del discurso adjunto, adjudicado y adjudicante de sentido, nos topamos con Freud y sus interminables cruces de camino transferenciales.

(1) Aportes a la filosofía. Así mismo la poesía y la elaboración del mythos en tanto trama, evidencia la función heurística que la metáfora posee no como imitación en el trabajo de la mimesis, sino antes bien, la poesía, lo poético de todo discurso, incluso el científico, conduce a una reelaboración que traduce lo extraño de un campo a lo aprehensible de otro. Cfr. La metáfora viva de Ricoeur
Si una palabra fueras
te elevaría al cielo con el puño,
y por ti me batiría sin razón ni aliento.

Pero repites desde un horizonte ajeno
que no son tiempos de morir por ideas.
Era desconsolación y se abisma en las expectativas.
Tus suspiros eran los rastros de esas llamas huecas.

derrumbar

Terrificado en tu memoria
mi placer era derrumbar
los alcázares que levantabas.

¿Recuerdas? Construimos castillos,
tristezas, hogares y penas.
Construimos nuestros cuerpos en la tarde eterna.

¿Me llevas aun contigo?
¿Retumban nuestras voces agónicas
sobre la piel de otros amantes?

Son sus suspiros la reminiscencia
de las noches robadas al tiempo,
de los sueños que excavaron para tender las redes del placer.

Terrificado en tu memoria,
recuerdo cómo nos vendimos,
cómo diluimos nuestras explosiones al olvido.
La vanidad de los recuerdos
que flotan hacia la aurora de tu nombre.
¿Te atreverías a pisotear lo que aun carece de ser?
¿Sobrepondrías la luna a tus recuerdos?
¿Dejarías sangrar a la poesía en el guiño de tu deseo?

Auguras un porvenir pero la palabra no es tuya o mía.
Auguras los ojos de la luna,
pero no conoces de cielos o de vacíos en los mares.
Eres pero no estás,
estás, pero un reflejo no es un cráter en la luna.

La noche no aguarda a sus estrellas para ser noche,
no era tu sonrisa lo que al oscurecer.
Así, en el cielo sin figuras,
tal vez nunca estuve vivo,
y tú nunca estuviste muerta.

lunes, 19 de abril de 2010

errantes

Invoqué a los hijos de la noche
para conjurar/ladrarle tu silencio.
Nadie atendió el llamado,
y con sus gritos/gorrión sordos,
aniquiló lo último de paz que palpitaba en tu recuerdo.

¿Recuerdas?
No, ahora es tu rostro/laurel ignoto
el que clama por lo inservible del tiempo transcurrido
¿Recuerdas?
No hubo final/luciérnagas decretado
con la ausencia de tu voz.

¿Recuerdas?
Era la polución/salmones
de tu oreja/sarmiento sobre mi pecho.

…fueron los hijos de la noche que atendieron mi lamento.
Trituraron a las bestias/Ayante
en que nos convertimos el uno del otro.

Ya no era tu piel

I

Te veo, danzante, y me abrojo tu piel.
La sangre palpita a tu compás,
y en ritmo precipito mi alma
a la trepidante justicia de tu voz.

Fue ahí donde fuiste soberana,
fue ahí, donó, y me hice humano
en el acto criminal de mi ser.

(lamía el abrojar)

Yo no reía ni vestía.
Fui yo al pretenderme amado
de un dios secreto de lujuria y violencia.

Fui, al creer que era en mí… era tu piel

Ahí se inauguró el error,
entonces ahí inscribí mi voz.
Era la soberbia de un nombre
inventado por el orden del afán humano.

...Ya no era tu piel.

II

La constelación de los yerros/aceros,
Los tatuamos en nuestras nubes.
Y de las moscas/nubes hicimos descender
la miseria de nuestras advocaciones.

Admoniciones y señales que tomamos,
ahora fantasmas de nuestro delirio.
¡Era la confirmación de nuestro arbitrio!

Te perdimos en la vanidad/sonrisa de nuestros discursos.
Te perdimos en lo insano de nuestros murciélagos,
nuestras indagatorias, nuestras inquisiciones.

¡Teníamos el deber de aserrar la cabeza de nuestro hermano!
¡Ya no era tu piel/caverna la que olía al barbecho!
Ahí aprendimos a segar en tu nombre.

Murmullos de tu cabello en la luna.

Murmullos de tu cabello en la luna.
Su arco-luz me habla de ti en secreto,
de las noches en que anhelas otro tiempo.

¿Qué la luna testificó por nuestras promesas?
¡Que las guarde en silencio y nadie sepa
de las traiciones que nos cometimos!

Sonríes, así está bien.
Ella no pertenece a este mundo, no es celeste.
Es hija de la tierra.

Te creé

Te creé en la noche de la imaginación etílica,
fuiste el instante de certeza de tu piel y tu aliento.
Te creé en la noche en que los vidrios reflejaron mis palabras,
cuando quedé necesitado de insuflarles mi alma
con la más terrible de las oscuridades.
Te creé para nunca nombrarte,
para perderte al aliento de la imposibilidad de lo justificable.
Te creé para sucumbir a la tentación de buscarte
en los anchos mares del contacto de nuestras manos.
Te vi y te evaporaste a la aurora confundida,
la que se pierde de lejanías de los continentes improbables.
Era tu nombre el que te presentaba,
era tu nombre el que no creé para poder no invocarte.
Te creé para no perderte,
para nunca oír el lamento de esa lejanía de la tierra augusta
que se desvanece al levante.

lunes, 12 de abril de 2010

Un mago

Un mago lleva a cabo su acto de prestidigitación. Contrario a lo que de él se espera, no esconde los artificios de su acto. Muestra cada uno de ellos. ¿Cuál es el sentido de la representación? ¿La maestría, la enseñanza? ¿Hay un dejo de mejoramiento, de aprovechamiento y superación?
Si realiza un acto, ¿para quién actúa? ¿Siquiera somos capaces de “comprender” el sentido de su acto? ¿Podemos comprendernos a nosotros mismos en la evidencia de su artificio? ¿O es que su acto se dirige a algo más, algo mistérico y escondido que el mismo truco –el acto – efectúa?

martes, 6 de abril de 2010

domingo, 4 de abril de 2010

Acribillado no tolera
los hilos de los ojos que lo miran.
Se ha hecho una marioneta
de las palabras que en otro día dijo.
Así se encierra en casa de los giros agónicos
del entramado de su propia pena.
¿Era ella? No, por favor no,
no confundamos al amor con la ironía.
¿Quién fue entonces?
La inexistencia del tiempo de su propia vista.
Si pudiera ver seguro no tendría sus ojos.
Si pudiera ver sus ojos no lo acribillarían.
Su alma no sería el hilo de una mano desconocida.
Dulce infamia en tu risa, que si es eso resulta otro.
Que si es otro la vida ya se juega en otro tiempo.

¿Estoy muerto?
¿Qué dónde queda el llanto?

Dices alegría o felicidad y te creo pequeña hermana.
Pero la posesión es satánica,
y aun saboreo la sangre de tu alma,
en el decir de todas tus letras.

Todas tus letras ahora como sonido,
el soplo del Bóreas que delinea tu figura
en un horizonte sangrante.
Y así tu figura se delinea en el recuerdo
y me obsesa en las noches de los ojos púrpuras.

Los cierro y eres. Ya no sonido,
es carne imaginada y deseada los labios y tus piernas.
Descubro que ni en ensoñaciones te encuentras.
Que eres efecto de una palabra sangrante de mi propia alma.
Y que tu cuello no es mió sino mi propio delirio.

Despierto sin siquiera haberte dormido.

Quemaste el tiempo

Quemaste el tiempo
en la promesa de tu destino.
La clausura a la palpitación del mismo tiempo,
que observaba nuestros juegos de niño por la tarde.
Estabas parada cuando fue,
y al amanecer tus cabellos ya eran más divinos que tu piel.
Ya no eran estrellas.

Era otro día, otro tiempo, otra historia.
Habías quemado el tiempo y yo no era en él.
Habías quemado el tiempo y no era soledad la palabra.
Habías quemado el tiempo y era sólo tu deseo
lo que se atrevió aniquilar al tiempo.
La palabra era otro.

Insólitos

Cual fantasma hacías aspavientos para llamar mi atención
Terrificado no dispuse palabra y al abismo me arrojé
– al menos eso quise creer-.
Eran tus brazos de aliento y Yo de fastidio.
Eran lágrimas los surcos de tus dedos y sus huellas de latón sobre mí
Eran consignas secretas de los milenios petrificados en tu brisa
Era la sombra ausente de tu boca y la mía.

Fuimos pleamar al menos un instante,
aprisionado, escondido, lamiendo despacio cada ay, cada ironía.


Y después… No sé.
La luz te atravesó, terrificando aun más tu recuerdo,
tu presencia, tus prognosis y mis profecías… pero no hubo un Leviatán para mí.
Tocaste con los siglos mis ojos
y el ámbar de tu luz me ahogó en la penumbra de lo no dicho lo no hecho lo no deseado y lo no conocido

La noche fue y no permanecí en pie.
Dijiste algo muy suave que sólo el árbol pudo entender
Violento e intempestivo me levanté al grito
“! Aléjate de mí ¡ ”,
pero tu sombra aun me atañe en los días en que el Sol alumbra con tu perfume
y entonces pregunto y me pregunto “¿ahora? ¿ya? ¿cuándo es el momento?
¿Ahora? ¿ya? ¿es el Tiempo?
Las siguen mis frases no vuelven a decir nada vuelan las palabras al cerco de tu mirada nuestras voces no bailan en la Rosa te amo pero eso no significa nada.


Nada vuelan al cerco la Rosa, no bailan y no dicen nada, sin referente se pierden. Siquiera el viento atiende; arde el cabrón, y vaporiza el instante. Sino que el aliento expira apenas sale de la protección de su monumento. La muerte, la tuya y la mía en el bar de aquel arco puente o pequeña protección ante el Nunca. Era de la noche en que una vez más nada ocurrió entre los dos, en la noche en que nos alejamos insólitos el uno del otro.
Y todo se convierte en una prosa insoportable.

Los ojos de Buda

– Siempre he creído que el mundo podría ser un mejor lugar, sin embargo esto no es así.
¿Sabes?, es como la claridad en los ojos del Buda, son de piedra, ¿los ves?
Me respondes que sí pero sigues a la expectativa de que continúe. Algo fastidiada, es cierto.
– Son claros, son de piedra –te repito –, podrían ver directo y sin miedo al vacío de nuestras almas. Son de piedra –insisto –. Nunca hubo un signo más transparente.

lo que se hace de ti

Intemporal, como un árbol petrificado
hecho de ti en el calor opresor de tus manos
¿recuerdas?
Era una lágrima vertida en tu espíritu.
Era tu espíritu insuflado en mi carne,
en mi salvia, en la hoja de tu mente o la mía,
¿recuerdas?, fue una palabra y el destino fue
¿cuándo?
Fue en donde el espacio nos desconoce,
desechos humanos de un pedo
que se nos salió por reírnos tanto de ti y de mí
¿qué dónde estuvimos? No importa,
ahora somos tigres.

lo que más quieras

Lo que quieras, ¡lo que más quieras!
si es un beso, eso será
si es un cogida salvaje también
si es sólo una caricia en tu nuca no temas, que la mano del destino ahí estará
en la mañana, por la tarde, en cuanto salgas de tu casa ahí está

son los eones petrificados de tu deseo
¿los oyes? respiran debajo de tu piel
¿los sientes? son los miembros despedazados de los hombres que te amaron
y exigen volverte a tener

(tu voz)

sólo tu deseo
el otro que camina y avanza por el mundo
te tira al suelo y se revuelca al deseo de tocar lo inexistente

viernes, 2 de abril de 2010

Primera antología de aforismos facebookeros

La filosofía es una enfermedad autoinmune.

Las letras no se estudian, se comen, se mastican, se escupen y te indigestan. Llegan a hacerte cosquillitas en la nuca o ellas mismas te lanzan un escupitajo en el centro de tu ser. Las letras no se estudian.


Las palabras son palabras pero en ese ser pueden serlo todo o ser muy peligrosas. (Obvio, también pueden ser nada)


La forma se forma en la disolución de sí misma, eso que llamamos tiempo.


En el intento de aprehender la palabra, ya siempre se corre el riesgo de que ella la emprenda contra nosotros.


Cuando el filósofo se convierte en inquisidor, lo que realmente desea no es Verdad, sino Error.


Cuando la metáfora puede correr, es su curso lo que podemos llamar pensamiento.


Peor acto de soberbia que pedirle a alguien humildad, no lo hay.


Debemos aceptar la posibilidad de que lo único literal en estas líneas sea la palabra palabra.


Al lenguaje no le importa. No se alegra ni se lamenta de la fiesta del pensar o de la ortodoxia de tus juicios e instituciones. Al lenguaje no le importa.


La poesía no conoce de predicados, ella es. Tampoco de sujetos, no conoce, hace su ser mismo. En la pregunta "¿qué significa la poesía?" no cabe esperar respuesta, pues ya siempre ella misma nos arroja a lo que hace, lo que ella produce en el evento de su propio ser, el propio preguntar que nos arroja a la acción.


Sí, es ese cartesianismo soterrado el que me sigue produciendo ámpula. Es como una alergia a mí mismo.


Al igual que las palabras inútiles o el tiempo perdido, el perder la fe no es sino la pérdida de la efectividad de la comunicación, es decir, de aquello designado o referido por la comunicación, la propia comunidad.


Lo importante no es lo que Yo diga, sino lo que Tú escuches junto al crédito que me otorgues. Ahí es donde comienza lo real. ¿Qué pasa si digo tu nombre?


Si Yo es una cosa, la única cosa que puede ser es palabra. Aquél que pueda decir "Yo" y con ello diga algo real no es sino Poder.


Algo exacerbado, machista, habita y transpira en nuestros intentos por llenar los huecos de la tradición, completar nuestro "conocimiento del pasado". Es como si lo no dicho, lo olvidado, lo perdido - el hueco-, no pudiera permanecer en su vacío. Como si no pudiera gozar en lo inconmensurable de su nihilidad.


Si la palabra no guía a la acción y la acción no regresa para colocar lo nombres a las cosas, nada es real. Nada.


El problema del origen y el observador no atraviesa tal cosa como la subjetividad; más básico: trata una mera cuestión de paralaje donde el gallo ya siempre abandonó el gallinero. De ahí nuestra búsqueda del padre en el dilema del huevo y la gallina.
Para ser inocente no hace falta sino disculparse. Lo difícil es ser culpable; para ello sólo cabe ser terrible.


No pienses, sólo enfoca tu mirada y contempla la imagen. No pienses, porque siquiera sabemos pensar. Todo "pensamiento" es otra ruina. Un día tendremos la capacidad de que nuestro pensar sea pilote, viga y soporte, pero para ello es menester recibir lo dicho, soportar todo el peso de la palabra del Poeta.


Terrible: por que no tengo palabras para ello. Qué significa genial, maravilloso o inenarrable, sino eso: lo titánico del esfuerzo, del momento, del tiempo. De la vida que palpita ahora distante de la tuya cuando antes era tu propio cuerpo.


No soy quien soy, o quien se requiere que sea, al menos no todavía. Ella vendrá en ese momento y entonces podré ser quien siempre he sido. Eso no me excusa de nada, me hace sentir muy mal; pero eso también es una justicia. Filosofar es terrible.


Ser mujer no es una cosa sino ser un momento. El momento propicio de una sonrisa, un beso, una despedida. El momento propicio de muerte y vida.


El libro de tu rostro. El último medio de comunicación en la época donde no tenemos nada que decir. ¿Y nuestro rostro? ¿Llevamos la muerte por dentro?


El cine mexicano tiene que dejar de pretender ser una sucursal del teletón. El cine mexicano ha de ser simplemente Cine o no ser nada.


Una palabra como prodigio, en sí no significa nada. Y es que ella misma no es un signo cuando ya antes constituye una asignación.


Sobre los filósofos que aman preguntar. Cabría decir que ellos, en tanto aman preguntar, no van a ello que les interesa, sino que permanecen en el interés de aquello a que de principio se dirigían. De manera que si ellos también aman, es sólo por interés, pues es en dicho interés donde existe el conocimiento.


La filosofía no es el amor a la pregunta sino la pregunta por el amor. Una vez le pregunté a una mujer "-¿Me quieres?", entonces ella me dijo "-Que pregunta más tonta Federico". Y es que el filósofo, en tanto tonto, se dedica a preguntar por lo evidente.


Antes el filosofo procedía a analizar como un especialista en explosivos al intentar desactivar una bomba, hoy contamos cuantas pelotitas rebotan en el anuncio de una página de descargas masivas.


Podemos saber que vivimos una época patética para la filosofía cuando la mayoría de los ejemplos empleados en las explicaciones provienen de escenas y momentos de series de televisión, además de que reflexiones como ésta se publican en facebook.

jueves, 1 de abril de 2010

profundidad y superficie

Tal vez el dios silencioso que grita desde el abismo,
se deslice hoy al escalofrío ignorante de tu piel.

¿Es del gritar silente el parpeadar de las obstrucciones
y los reinos en la cuenta de nuestros proyectos?

¿Es lo silente el ascético que te traes entre una ceja y la otra?

¿Será al deslizarse de nuestras manos
en el rostro de la promesa aquello que no podemos enunciar?

¿Será del ignorar de la piel el único consuelo
para el que no espera consuelo y redención?

¿Será él, el mismo que te grita desde el abismo?

De ser en mi escalofrío,
¿cabrá aguardar la Justicia de su mano?

Así nos dijimos lo dicho
y escuchamos lo escuchado.
Pero ahora, en la crasis de los tiempos,
¿Nadie atenderá el rugir de las voces?

(ser piedra)

Al pedrear de la piedra no le atañen tus ironías ni tu cinismo,
atiende en paz la marcha de los eones.
De tener un destino qué nos importan tus desplantes.

Amanece

Un acontecimiento
En medio de la putrefacción de lo ordinario.
Una señal, un aviso.
Emerge de la monotonía de tu ritmo.
Vibró, como la ola que encalla,
y surge de la roca de un suspiro:
Dulce alivio del flujo incesante de las horas
que no cejan en tu torpe armonía.

Desintonizas, un rayo cual respiro,
arcano de la quietud de tu acorde repetido.
Una chista, la alegría, y ahí está tu sonrisa –
que si fuera la misma caería en la misma porquería.

Por que existo, es que suspiro, nota de una lágrima
Y agotas la última llama de tu vida.
Y al despido, un último vistazo al mundo vivido.

Alegría, un respiro,
alegría, un alivio,
alegría, el cuerpo de un amigo que ya no respira.
alegría, que todo es finito.
Y tú, monotonía eterna enemiga,
hoy mueres en el último giro de la lengua.

Desperté cuando no era día y en las tinieblas te escapaste.

Flor maldita.
Suenas a basura del día a día.
¿Cómo?, ¿nunca estrechaste la memoria
que a caudales relata los no-días?
¿Estás con tu florear
en la existencia espaciada del desierto?

Agotada la arena no puede escapar a la condena de no-ser
–Tu amante –, gime en el silencio del sol que la cubre.
Nada se refleja en la duna,
que mañana será la fosa común de tus recuerdos.

Amigo Sol, los silicatos te observan
¿¡Vas a permanecer en silencio!?

Así, trasfigurada ella se levanta,
– ¿El florear o la arena? –
Y murmura silente al emerger de su espasmo eterno.
La promesa del mar en el cielo,
que dibuja una silueta:
el pétalo de despojos homicidas.

Aquí, el resplandor se detiene

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